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Por Yuriria Sierra
Pacto patriarcal
México es hoy la estampa perfecta y desafortunada del pacto patriarcal. Hombres protegiendo a otros hombres que son amigos. Hombres persiguiendo a otros que no están en el mismo bando. Desde luego que celebramos la detención de Mario Marín, el Góber Precioso. Tantos años, querida Lydia, y al fin este personaje enfrentará a la justicia. Sin embargo, aquí viene la pregunta, ¿qué diferencia hay entre un exgobernador capaz de torturar y un precandidato capaz de violar?
Ambos, personajes deleznables, que deberían ser impresentables en la política de un país que, desde Palacio Nacional, nos dicen que está en proceso de transformación, pero los hechos nos confirman que nada ha cambiado, que la justicia sigue siendo selectiva. No se trata de que la verdad asista, sino de que las amistades respalden.
Ironía o coincidencia. Marín fue detenido en el puerto que alguna vez gobernó Félix Salgado Macedonio. No hay detalles de por cuánto tiempo el poblano hizo de este lugar su refugio. Pero qué curioso que hoy ambos sean noticia. El primero por su detención, el otro por sus aspiraciones políticas que violan la ley, tal como ultrajó a varias mujeres. Y qué curioso que el destino para cada uno sea distinto.
Contra Mario Marín hay un formidable trabajo periodístico de Lydia Cacho, ése que le valió los momentos más duros de su vida. Cacho recordó, hace unos días, con Carmen Aristegui: “Tenemos evidencia de que no sólo protegió a una red de tratantes, y en esa protección hubo consumo de pornografía infantil y él mismo tenía un caso de una niña menor de edad con la que estuvo vinculado sexualmente, y hay videos…”. Lo que narró hace más de quince años, y por lo que hoy Marín está preso, aún deja sin aliento: “Las primeras horas en la carretera me hicieron sentir que el secuestro podría terminar en algo peor. Trato hostil, negativa a permitirme alguna llamada, groserías. Entre ellos comenzaron a conversar las ocasiones en que habían muerto otros prisioneros. Habían leído historias sobre mí en internet y hacían referencia a un “tipo de Torreón que me quería matar”. Me aseguraron que querían pasar a ver el mar en la noche; me preguntaron si sabía nadar y uno de ellos habló sobre “la gente que se ahoga”. Me preguntaron por mi libro “sobre un pederasta” y hablaron sobre cómo en las cárceles se viola a los que se meten “en eso”. A mí me llevarían a la cárcel…”.
Contra Félix Salgado Macedonio hay denuncias, acusaciones, testimonios: “Como unos quince minutos sale el señor con otra cara, un rostro diferente, frotándose la nariz, sale directamente hacia mi persona… Ahí fue donde, sin decirme nada, empieza a atacarme… Fue algo que no se pudo evitar, era una niña (…) Él me viola, después que termina la violación, todo así, quejumbroso de lo que había hecho, se levanta el pantalón, busca su cartera y me tira 100 pesos en la cara”…, pero detrás de Salgado hay también un Estado que lo protege, un Ejecutivo, un grupo político que reduce las historias de las víctimas, de las mujeres abusadas, a un asunto electoral.
No es nada distinto lo que sostuvo por tantos años la impunidad de la que gozó Marín y que le permitió esconderse, de lo que respalda hoy la aspiración política del exalcalde de Acapulco. ¿El gobierno de México sólo castigará a los abusadores de otros sexenios?