
La conspiración ya la habían realizado y su plan se puso en marcha para poder capturar al apóstol de la revolución quien hasta ese momento, había confiado ciegamente en un jefe militar del periodo porfirista.
Francisco I. Madero junto a José María Pino Suarez permanecieron como prisioneros desde el 18 de febrero de 1913 en el palacio de gobierno de la Ciudad de México y una falsa promesa de ser liberados con vida, los impulsó a firmar su renuncia la cual fue entregada a Pedro Lascurain, quien permaneció en el gobierno de México por quince minutos hasta que entregó el poder al “Usurpador”.
Victoriano Huerta no quería piedras en su camino y el 22 de febrero de ese año, dio la primera orden como presidente, sin imaginar que dicha orden provocaría un estallido social o como muchos dicen, despertaron al león dormido.
Madero sabía perfectamente que no saldría con vida al momento que lo obligaban a subir un automóvil junto con Pino Suarez, con el que recorrió parte de la ciudad de México hasta llegar a espaldas del Palacio Negro de Lecumberri en donde les ordenaron que bajaran y corrieran para aplicar la “Ley Fuga”.
En cuestión de minutos, Victoriano Huerta envió un telegrama a cada uno de los gobernadores de la nación, asegurando que había sido designado como presidente de México por el mismo senado de la república, omitiendo por obvias razones, el asesinato del ex presidente y su vicepresidente.
El mismo 18 de febrero, sentado en su oficina, “El Varón” leía detenidamente el telegrama que había recibido sin dar crédito a lo que allí se plasmaba y solo esperaba que “El Apóstol” continuara con vida. Días después se le notificó que los funerales ya se habían llevado a cabo y que Madero descansaba en el panteón Francés de La Piedad.
Indignado por el magnicidio, Venustiano Carranza convocó a los legisladores de Coahuila, a quienes solicitó su autorización para desconocer a Huerta como Presidente y levantarse en armas contra el gobierno.
Si un coahuilense ya había logrado el destierro del dictador, era necesario que otro de sus paisanos hiciera lo mismo contra él usurpador, así que solicitó ausentarse de su cargo como gobernador de Coahuila y reunió al ejército revolucionario del estado a quienes llamó “Constitucionalistas”.
Largas horas permaneció dentro de las habitaciones del hotel internacional en la estación Monclova, en donde dialogaba con los principales generales, quienes en 1910, se habían levantado en armas y habían sido los iniciadores de la revolución contra Porfirio Díaz.
El General Lucio Blanco, Pablo González, Agustín Millán, Cesáreo Castro, entre otros, escuchaban atentamente las palabras de Carranza, quien indignado, aseguraba que el crimen cometido contra Madero era imperdonable y que el nuevo gobierno había sido obtenido por medio de la traición, por lo que era necesario tomar una vez más las armas, las cuales originalmente, nunca las habían dejado.
En su recorrido por todo el estado para reunir adeptos y esperar la respuesta de los gobernadores de los demás estados de la república, llegó la noche del 25 de marzo de 1913 a la casa grande de su compadre Marcelino Garza, un banquero de la ciudad de Saltillo quien había construido su hacienda a la cual llamó Guadalupe.
En el camino, había platicado largo y tendido con el capitán Alfredo Barceda, a quien le dio a conocer los pormenores del plan que tenía en mente para desconocer a Huerta. El león había despertado.
Al encontrarse en una de las habitaciones de la “Casa Grande”, Venustiano Carranza y Alfredo Barceda redactaron el plan, lo corrigieron, le agregaron palabras y al amanecer, setenta militares se congregaron en la habitación para plasmar su firma y dar inicio al nuevo reto que tuvieron que encabezar los coahuilenses en contra del mal gobierno el cual culminó con el destierro del nuevo enemigo y abrir el camino a la lucha armada que duró más de una década en nuestra nación.