
Por Rocío de Jesús
El dolor por la ausencia, aun se sienten en la casa paterna de Alicia, hace apenas un mes que le fue arrancada la vida, y con ella se fue una parte del alma de sus padres y hermanos. Ayer, día de las madres, era imposible que hubiera regocijo, donde la risa de Alicia ya no se escucha.
Ninguna madre puede festejar cuando un hijo ha muerto. El pasado 5 de abril, Alicia murió de la forma más inesperada, con apenas 22 años de edad, enamorada, con dos hijos y muchos sueños a futuro.
Ayer, no hubo algarabía en la casa paterna de Alicia, se reunieron sí, pero el ambiente era triste, nostálgico y de lágrimas.
Una de las hermanas de Alicia llegó a felicitar a su madre y ambas rompieron en llanto.
Es inevitable, Alicia, era hija, hermana pero también madre y ya no está más. El año pasado aun festejó junto a su familia y junto a sus hijos.
La hermana de Alicia abrazó a su madre y le dijo que lo sentía, que sabía que era un día triste para ella, a lo que la mamá de Alicia, sacando fuerzas de donde no las hay contestó “no te preocupes, todos la extrañamos pero yo estoy bien”.
Luego del prolongado abrazo se sentaron en las mecedoras del porche donde continuaron charlando más tranquilas, pero aun con las lágrimas recorriendo sus mejillas.
A partir de este año los festejos no serán igual, siempre faltará una pieza importante en la familia, Alicia, quien irónicamente, falleció en manos de quien más amaba, y en quien siempre creyó, su pareja José (N) quien ya está se encuentra en prisión por el delito de feminicidio.