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domingo 31 de mayo de 2026

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Nudo gordiano

Nudo gordiano

Por Yuriria Sierra

¿Brecha de registro?

Le llaman brecha de registro porque no lo puede explicar con precisión, pero, ante la incertidumbre, las matemáticas siempre llegan al rescate. En cuestión de números no hay pierde: hasta ayer, 21 de julio, México había recibido 77 millones 422 mil 585 dosis de vacunas contra covid-19. Si cada una de estas inmunizaciones se hubieran aplicado ya, prácticamente 7 de cada diez adultos tendría al menos una dosis. No ha sido así, y eso que el nuestro fue el primer país en América Latina en comenzar con la vacunación.
Aunque ayer se reportó el segundo mejor día de aplicación, sumó 799 mil 495 inmunizaciones en un día, aún existe una diferencia enorme entre los fármacos disponibles y los que se aplican. Por ello es que han surgido muchas preguntas respecto a dónde van, en dónde están esas vacunas que, al llegar a México, en lugar de ir directo a un centro de vacunación se quedan en el limbo. Ah, nos dicen que por la lentitud de los registros. La Secretaría de Relaciones Exteriores hizo un trabajo riguroso desde el inicio de la pandemia. En esos primeros momentos intuyeron que la salida real de la emergencia sanitaria estaba en el acceso y la aplicación de las inmunizaciones una vez que estuvieran listas. Marcelo Ebrard y su equipo cabildearon por todos lados, viajaron y negociaron con gobiernos y farmacéuticas, sin sesgos ideológicos, para que, una vez que las fórmulas fueran aprobadas por las autoridades competentes, México tuviera asegurados los insumos para poner en marcha su plan de vacunación. Pero sabemos que esto topó con pared en las oficinas en Lieja. La estrategia que se configuró ahí respondió más al momento político que al sanitario. La vacunación se trató como si fuera un programa social, de esos que se entregan mes con mes y que garantizan clientela electoral; por algo la única vez que México aplicó más de un millón de vacunas en un día fue justo en la víspera de la elección del pasado 6 de junio. Pero vayamos a eso, a las matemáticas: de las 77 millones 422 mil 585 dosis de vacunas contra covid-19 que México recibió hasta el día de ayer, se han aplicado 56 millones 472 mil 392. ¿Dónde está el resto? Sí, sí… ya nos “respondieron” en Palacio Nacional:
“No hay ninguna pérdida de vacunas. Todas están perfectamente identificadas y sabemos en dónde están y en qué momento se están aplicando. En las zonas rurales, donde la operación de la brigada es más difícil, porque no hay acceso a internet, los registros nominales se desfasan, no se hace en tiempo real…”, dijo hace un par de días Hugo López-Gatell.
El punto es que, con la tercera ola de covid-19 y con el acceso a las vacunas que se ha garantizado desde la cancillería, la Secretaría de Salud tiene la obligación no sólo de aplicar las dosis, sino de transparentar el uso que se le da a cada una de ellas. Una “brecha de registro”, aseguró el subsecretario como la causa de que no haya pista de 20 millones de vacunas, dice que por lo lejano de algunas zonas en las que se aplican.
La vacuna sí funciona, es uno de los factores que ha ayudado a que la tercera ola, a pesar de los récords casi diarios de nuevos casos, no sea también de récord de muertes. Las vacunas están aquí, México está a punto de sumar 80 millones de dosis recibidas. El canciller informó hace unos días que está por aprobarse el fármaco de Moderna: habrá más vacunas. En muchos estados se ha perfeccionado el protocolo de aplicación: entran y salen con su vacuna aplicada en menos de lo que dura un capítulo en una serie de Netflix, decíamos hace un par de días. Con esa velocidad tendría que avanzar el registro. Esa labor es obligación de quienes despachan en las oficinas de Lieja, pero que no han sido capaces de responder a la velocidad, a menos que se trate de salir en una foto o de descalificar cualquier cuestionamiento. También urge vacuna para la incompetencia.
ADDENDUM
Y no, tampoco hay vacuna para la corrupción. Así fue la vacunación de Verónica Camino Farjat, excandidata de Morena a la alcaldía de Mérida: por su residencia, le correspondía la dosis de AstraZeneca, pero prefirió charolear y acudió al municipio de Cantamayec, donde aplicaban Pfizer. No sólo fue por mero capricho a donde no le tocaba, sino que, además, vistió con los colores del uniforme de los Servidores de la Nación y, dicen testigos, les pidió que le hicieran “casita”, para evitar ser vista. También urge vacuna contra estos personajes. Qué bueno que perdió la elección.

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