
Por Wendy Riojas
Su mayor satisfacción es que la gente le grite ¡Tío! en señal de saludo y que sus clientes, pasaran de ser niños a abuelos, esta es la historia de don Lorenzo Rodríguez Castillo, quien recientemente cumplió la edad de 98 años y más de 60 años como vendedor de yukis y fruta.
La gente lo reconoce como “El Tío”, un hombre de avanzada edad, delgado, de tez morena, que anuncia su llegada gritando ¡Hay Yukis! a bordo de su carrucha de color amarilla que es estirada por su inseparable burro “Gabino”.
La gente del sector sur de la Ciudad sale de sus viviendas y le grita ¡Tío! en señal de saludo y se transporta a los años 80 o 90’s, cuando siendo niños lo veían pasar o/y le compraban fruta, yukis, elotes y refieren ‘el sigue igualito, una es la que cambia’.
“El Tío” cumplió la edad de 98 años el pasado 10 de agosto y más de 60 años vendiendo Yukis y Fruta en el sector Sur de la Ciudad, trabajo que le ha permitido conocer a más de cuatro generaciones.
Incluso menciona que el sector sur de la Ciudad no estaba tan poblado, solo existía la Colonia Obrera Sur e iniciaba la Colonia Praderas y Calderón, ni hablar de la Colonia Mezquital del Valle o Fraccionamiento Monclova.
En su domicilio, ubicado en la Colonia Fraccionamiento Calderón, relata que a sus 98 años se siente perfecto, a excepción de su vista, ya que perdió la visibilidad de su ojo izquierdo y solo ve un pequeño porcentaje en su ojo derecho.
Y mientras se prepara para salir a comprar fruta para iniciar la venta relata: “Gracias a Dios estamos bien, la vista me perjudica un poco, no veo muy bien, solo con un ojo, pero ahí ando en la calle, ya llevo bastantes años trabajando”.
En la entrevista relata que es originario de San Luis Potosí y que empezó a trabajar a la edad de 6 años tallando lechuguilla, posteriormente, fue traído por el señor ‘Félix’, tío de su esposa Bonifacia Pecina a la Ciudad de Monclova.
Al llegar a Monclova trabajo en la obra, luego en la venta de tunas y finalmente en la venta de frutas y yukis, trabajo, por el que es reconocido por miles de monclovenses y habitantes de la región centro.
TIO DE VARIAS GENERACIONES
Al preguntarle cuantas generaciones ha conocido refiere “ya muchas, niñas que son mamás o abuelitas, mi padre Dios es el único que me da fuerza para poder salir adelante; todo viene por la gran voluntad de Dios”.
Al preguntarle cómo se siente responde: “me siento bien; todavía brinco y salto en la carrucha, hay muchos que se sientan y se sientan completamente, no pueden; nosotros seguimos buscando la forma de salir adelante”.
Admite que siente mucha satisfacción cuando sale a la calle y la gente le grita ‘¡Tío!, ¡Adiós Tío!’, cuando se acercan a platicar o cuando le comparten sus recuerdos, ya que, le hacen el día más ameno.
“Válgame Dios, tengo bastante gusto, no me dicen ‘Buenos Días’ me dicen ‘Tío, Adiós’, me da gusto que me hablen, me platiquen, está muy bien, agradezco ese respeto y ese cariño para mí y yo también los estimo y los quiero”.
“El Tío”, generalmente sale a trabajar a las 12:00 del mediodía y regresa a las 20:30 horas, ya que, recorre las colonias Praderas del Sur, Obreras del Sur, Mezquital del Valle, Fraccionamiento Monclova, Calderón y Fraccionamiento los Álamos, haga frío o haga calor.
Y llueve, truene o relampaguee, lo acompaña su inseparable burro ‘Gabino’, con el que tiene 7 años y la carrucha de color amarilla que el mismo construyó, para la venta de yukis o fruta como sandía, jícama, coco y en tiempo de frio el elote.
EN PLENA PANDEMIA NO DEJÓ DE TRABAJAR
Incluso refiere que en pleno pico de la pandemia salía a trabajar, ya que, considera que si viene por derecho y la enfermedad es un designio de Dios aunque te escondas debajo de 7 mil llaves te llegará.
“Todo viene por la gran voluntad de Dios, no hay que tener miedo, cuando le viene por derecho, aunque se esconda por debajo de 7 mil llaves ahí llega la enfermedad, al que quiere dejar lo deja, y al que no, no”.
Del ‘Tío’ depende su esposa Bonifacia Pecina González de 88 años, con quien procreó 7 hijos, 4 hombres y 3 mujeres, incluso, refiere que sus hijas le ayudan en la cocina, sin embargo, refiere ‘yo tengo que arrimar algo’.