Por Yuriria Sierra
Turbulencias
Hace casi un año, México estaba por retroceder de categoría en los protocolos de seguridad establecidos por la Organización de Aviación Civil Internacional. La Administración Federal de Aviación en Estados Unidos determinó que nuestro país no cumplía con requisitos mínimos, según lo que dictan las normas: autoridades de aviación civil deficiente en experiencia técnica, en personal capacitado, en el mantenimiento de registros, en procedimientos de inspección o resolución de problemas de seguridad. México pasó a Categoría 2, con esto se limitaron las operaciones de las compañías aéreas mexicanas, desde entonces no han podido abrir nuevas rutas, la venta de boletos a través de sus socios en EU también quedó restringida. Los vuelos procedentes de nuestro país quedaron bajo el escrutinio de las autoridades estadunidenses, las mexicanas prometieron que sería cosa de meses la recuperación de la categoría, más aún cuando la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles era inminente y se acercaba día a día.
En aquel entonces, Andrés Manuel López Obrador afirmó que ésta era una decisión tomada a partir de intereses propios del mercado aéreo de EU, pues eran sus aerolíneas las directamente beneficiadas, además, la industria mexicana no tenía un solo pendiente en materia de seguridad. Sin embargo, fue evidente que su reacción se debió justo al interés del gobierno de México por mantener lo más pulcro posible el terreno, o la pista, rumbo al 21 de marzo de 2022, cuando despegaba el primer vuelo comercial desde una pista en Santa Lucía.
Doces meses después, México no ha recuperado su estatus en los protocolos de la Organización de Aviación Civil Internacional, de hecho, nos encontramos en un momento más complicado: un aeropuerto “internacional” que sólo tiene un vuelo al extranjero por semana (a Venezuela), además, con seis semanas de operación tiene horario de apertura y cierre diario, porque no cuenta con el número de arribos y despegues necesarios para mantenerse activo las 24 horas como cualquier otro en el mundo; una terminal poco accesible, porque se inauguró una pista e instalaciones mínimas, pero olvidaron acelerar el paso a las vías de comunicación para los pasajeros. Y a últimos días, un AICM envuelto en polémica y riesgos: el video de dos aviones a punto de colisionar por un error de controladores aéreos, trabajadores que, hoy sabemos, responsabilizan a los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano por la mala capacitación: “Denunciamos incluso los incidentes de aviación sin que fuéramos escuchados y sin que se tomaran medidas de mitigación de riesgos, por lo que decidimos hacerlos públicos y, en respuesta, fuimos tachados de mentirosos…”, explicaron en un comunicado. Y nadie los tomó en serio hasta que fue inevitable ver aquel video en que dos naves de Volaris estuvieron a punto de encontrarse en una de las pistas del aeropuerto de la CDMX.
Errores que aumentaron por el rediseño en el espacio aéreo, configurado hace unos meses con la finalidad de coexistencia de los aeropuertos del centro del país con todo y el AIFA.
La respuesta en Palacio Nacional, la misma que para cualquier otro asunto no resuelto: “No hay ningún problema de rediseño, lo inventaron los adversarios. Entonces no hay, lo sostengo categóricamente, no hay rediseño. Esa es una maniobra de estos corruptos, que son técnicos muy echados a perder…”, dijo el Presidente la mañana de este martes. A las pocas horas, Aeroméxico afirmó que en los próximos meses aumentará a 30 vuelos diarios sus operaciones en la nueva terminal. Días antes, el subsecretario de Transportes, Rogelio Jiménez Pons, confirmó que, por decreto, las aerolíneas mexicanas aumentarán su presencia en el AIFA, “yo ni sabía”, respondió López Obrador cuando fue cuestionado al respecto. Con esta incertidumbre, ¿cómo es que México recuperará su categoría y la confianza de una industria que hoy vive tanta turbulencia?