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miércoles 6 de mayo de 2026

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Juegos de poder

Juegos de poder

Por Leo Zuckermann

Empleados, no becarios

La gran apuesta del gobierno de López Obrador para salir de la pobreza son los programas sociales. Transferencias en efectivo a ciertos grupos sociales. En lo personal, y así lo he dicho, me parece muy bueno el que se reparte a los adultos mayores. De los otros pueden decirse muchas cosas, pero una es cierta: mientras la economía no crezca y se generen buenos empleos en el país, no se resolverá ni la pobreza ni la seguridad ni la migración de indocumentados.

Veamos lo ocurrido ayer en San Antonio, Texas. Dentro de un camión se encontraron 51 cadáveres de migrantes sin papeles, de los cuales, se ha confirmado, 27 eran mexicanos. En la caja del contenedor, diseñada para transportar mercancías, no seres humanos, fallecieron por deshidratación, asfixia y sobrecalentamiento. Literalmente, una muerte infernal.

¿Cuál fue el pecado de estos mexicanos para terminar así sus vidas?

Ser pobres. No tener oportunidades en la vida. Residir en un país que no crece económicamente sin hallar buenos empleos bien remunerados.

Ése es el fondo del asunto: la mala economía. Por eso tantos mexicanos tratan de cruzarse sin documentos a Estados Unidos, donde, a pesar de la gran discriminación que sufren, encuentran mejores oportunidades. Ganan mucho más y envían dinero a su parentela. Algunos, incluso, se convierten en empresarios exitosos de clase media y alta, algo que difícilmente podrían lograr en su país.

México, antes que entrara el presidente López Obrador al poder, ahí la llevaba en generación de empleos, incluso mejor pagados que en el pasado, sobre todo en la frontera norte. Esto permitió que, de acuerdo a las cifras oficiales de Estados Unidos, bajara considerablemente el cruce de mexicanos indocumentados a ese país.

El problema es que, desde 2019, el crecimiento económico se estancó en México y luego vino la recesión por la pandemia de covid-19. La migración de indocumentados, que es muy sensible a la situación económica nacional, comenzó a crecer de nuevo.

El estancamiento ha sido la marca de este sexenio. Si bien nos va, la economía mexicana crecerá un 2% durante todo el periodo AMLO. Y nos quejábamos cuando crecíamos eso cada año durante el neoliberalismo. Seis años perdidos en materia económica.

Naturalmente, el número de migrantes mexicanos indocumentados se ha incrementado. De acuerdo a la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, durante los primeros cuatro meses de este año, la repatriación de mexicanos desde Estados Unidos aumentó un 52.1 por ciento.

Y no es porque los estadunidenses estén efectuando más deportaciones, sino que ha subido el número de paisanos que cotidianamente tratan de cruzarse para encontrar las oportunidades que no hallaron en nuestro país.

Quiero ser muy claro: de ninguna forma estoy culpando al gobierno de AMLO de los homicidios del camión de San Antonio. La responsabilidad la tienen los criminales y sus redes de corrupción gubernamental en ambos lados de la frontera, que los abandonaron para que se murieran de calor. Ojalá la policía los encuentre y reciban un castigo ejemplar.

Ya hay información de detenciones de presuntos responsables.

Lo que me gustaría resaltar es la falaz idea de que la pobreza se terminará en México y, por ende, la migración hacia Estados Unidos, dándole dinero a los jóvenes. Para nada. La gran mayoría de esos muchachos están buscando el éxito en la vida. No exagero. Están dispuestos a viajar a la frontera norte, cruzar sin papeles a la Unión Americana por lugares cada vez más peligrosos, ponerse en manos de bandidos que en muchas ocasiones los engañan, extorsionan, violan y hasta matan. Todo con tal de salir adelante en la vida. Tienen unas ganas y empuje envidiables. Ya, allá, laboran jornadas extenuantes. Muchas veces viven hacinados. Son verdaderos héroes que envían nada menos que 50 mil millones de dólares al año en remesas.

Remesas que presume el presidente López Obrador como indicador de que la economía mexicana va muy bien. Qué vergüenza. Si los paisanos envían más dinero es porque hay más rompiéndose el lomo en Estados Unidos, donde encontraron esas oportunidades aquí inexistentes.

Así que no nos vengan con el cuento de que la política social resolverá la pobreza, la inseguridad y la migración indocumentada casi como por arte de magia. No. Lo que requerimos es una economía pujante. Y en eso, como en tantas otras cosas, este gobierno ha fracasado. Ellos claman “becarios, no sicarios”. Hay que responderles “empleados, no becarios”.

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