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viernes 3 de julio de 2026

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Juegos de poder

Juegos de poder

Por Leo Zuckermann

Populismo educativo

La Secretaría de Educación Pública (SEP) ha ordenado no reprobar a ningún alumno de primaria y secundaria. Independientemente de su aprovechamiento, todos obtendrán una calificación mínima de seis y, por tanto, pasarán de grado.

No sólo eso. También, por disposición de la SEP, se ha eliminado la obligación  de tener el 80% de asistencia a las clases para estudiantes de 3º a 6º grado de primaria y de 1° a 3er grado de secundaria. Los maestros ya no estarán obligados a pasar lista de asistencia.

Estas dos nuevas directrices también aplicarán para las escuelas particulares que tengan reconocimiento de validez oficial de estudios por la SEP.

Entiendo el gran reto que ha significado para el Estado la pandemia del covid-19 en materia de educación. Sin lugar a dudas, hay un enorme rezago educativo producto del confinamiento de los niños durante tantos meses y el posterior regreso presencial tan caótico. Hoy sabemos, por ejemplo, que muchos estudiantes que están en tercero de primaria siguen siendo analfabetos. No pudieron, durante sus dos primeros años de educación básica, aprender las letras. Ya están, sin embargo, en un nivel donde tendrían que leer y escribir. Ahora, por disposición de la SEP, pasarán a cuarto.

Es horrible esto de “reprobar” a niños. Se trata de un estigma muy duro de superar. El que repite año se convierte, en el mejor de los casos, en “el reprobado” y, en el peor, en “el burro”. Pero hay una lógica detrás de la no acreditación de los conocimientos básicos que debieron aprenderse durante el año. Si se deja pasar al siguiente grado, el que sufrirá más será el estudiante, que tendrá que alcanzar a sus compañeros en una lucha contra el tiempo hasta que, como suele ser el caso, tire la toalla y abandone la escuela.

Para escribir esta columna consulté a un experto en educación. Esto me dijo sobre la decisión de la SEP: “Más allá de reprobar o no a nuestros estudiantes, el diálogo, después de dos años de pandemia que ha generado una brecha educativa significativa, debería enfocarse en generar estrategias para asegurar el aprendizaje y la comprensión que no se ha logrado. Sin embargo, esta decisión tiene riesgos serios para los que las comunidades y autoridades educativas deben prepararse. En la medida que pasen alumnos sin los conocimientos necesarios, el trabajo de los docentes de los siguientes grados se volverá más complicado. Con ello, se podría perpetuar y ampliar el rezago educativo, a menos que se cuente con un plan aterrizado y herramientas eficientes para recuperar conocimientos de forma progresiva”.

La SEP, me parece, se fue por la decisión más fácil pero, en algún momento, explotará la bomba del rezago educativo. Probablemente será el próximo sexenio. Típica decisión política: aventarle la papa caliente al siguiente.

Sobre el tema de ya no pasar lista de asistencia a los alumnos, el experto lo considera un problema más complicado: “Aunque poco conocido en nuestro país, diversas investigaciones nos enseñan la importancia de la asistencia y las consecuencias de no medirla. La realidad es que no se puede trabajar con quien no está. Un estudiante no aprende si no asiste a la escuela. El término para este gravísimo problema es ‘ausentismo crónico’ y es una de las causas principales de un bajo rendimiento escolar y de la deserción. El término se utiliza a nivel internacional para definir la ausencia en, al menos, el 10% de los días del ciclo escolar”.

La asistencia, además, no sólo permite valorar el aprendizaje cotidiano. También es un buen indicador de lo que le está pasando al niño/adolescente: “¿No queremos conocer por qué nuestros estudiantes no se han presentado? ¿Están enfermos? ¿No tienen el recurso necesario para asistir a la escuela? ¿Han sido víctimas de violencia doméstica?”.

En Estados Unidos, de acuerdo con estudios académicos, el ausentismo escolar está relacionado con la pobreza. Los estudiantes no van por problemas familiares, violencia doméstica, abuso de sustancias, enfermedades y todo tipo de situaciones por falta de recursos económicos. Sospecho que lo mismo pasa en México. El pase de lista en la escuela es una manera de saber y de, potencialmente, ayudar a los más pobres del país.

El experto que entrevisté concluye: “Los estudiantes no pueden reprobar y, peor aún, los docentes no pueden tomar asistencia. ¿Qué bonito se escucha verdad? Los niños primero, no vayamos a lastimarlos”.

Sí, muy bonito. El gobierno, al irse por la decisión fácil, acabará lastimándolos más.

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