Por Yuriria Sierra
Boric topó con pared
Su triunfo fue arrollador. Llegó a la presidencia tras varios años convulsos, en los que los ciudadanos no dejaron de salir a las calles para exigir, lo mismo educación gratuita que control al precio en el transporte público. Incluso su país, alguna vez tierra en la que habitó una terrible dictadura, le dio al mundo uno de los movimientos feministas más contundentes y organizados. Gabriel Boric llegó con el apoyo de seis de cada diez electores, tras una segunda vuelta que dio un resultado contundente. Joven, hoy tiene 36 años, desenfadado en su manera de ser, o al menos, no sigue con los protocolos acostumbrados en la política, lo mismo presume su tatuaje en el antebrazo que le tuitea a Taylor Swift para demostrarle su admiración. Figura nueva, el candidato progresista que entiende el lenguaje millennial, sin la arrogancia de Nayib Bukele. Chile, se convirtió así en un faro de esperanza para una América Latina que al paso de los meses veía cómo se extendía el espectro de polarización, como en Argentina y Brasil, naciones de la misma región. Pero más aún para sus ciudadanos que lo eligieron a él como su posibilidad para dar vuelta a la página. Con él se comandaría la redacción y concreción de su nueva constitución, la que sería una de las más progresistas y de avanzada en el mundo. La que les permitiría dejar atrás aquella elaborada durante la dictadura militar de Augusto Pinochet y que encontró con Michelle Bachelet su primera oportunidad para convertirse en pasado, pero también un cambio que se frenó con Sebastián Piñera, quien tuvo que ceder ante las movilizaciones ciudadanas.
Una Carta Magna en la que se hablaba claramente, o con mayor precisión que otras en el mundo, sobre paridad, reconocimiento de pueblos originarios y medio ambiente, por decir algo. Con la llegada de Boric al poder y con el capital político que lo acompañó, parecía ruta fácil, sin embargo, también con su llegada, comenzó el golpe de realidad, con todo y su gabinete conformado en su mayoría por mujeres, le ha sido complicado contener el índice inflacionario, los conflictos al sur del país (que hicieron a su antecesor enviar al Ejército), y así como el descontento por el acceso a la educación, que hace un par de días dieron una postal que se creía impensable tratándose de un presidente de izquierda: estudiantes se enfrentaron con elementos de seguridad, quienes les aventaron gases lacrimógenos, esto mientras Boric anunciaba cambios en su gabinete a escasos seis meses de iniciado su mandato y como reacción a lo que se considera, hoy por hoy, su primer gran fracaso.
La anhelada y prometida nueva Constitución no convenció a los ciudadanos. El fin de semana se invirtieron aquellos números de la segunda vuelta que hicieron a Boric presidente. Aunque en una primera consulta, ocho de cada 10 electores avalaron la redacción de una nueva Carta Magna, el resultado tras varios meses de trabajo, no logró más que el apoyo de cuatro de cada diez. Así, el proceso volverá a comenzar, según lo prometió Boric.
Este resultado también se entiende a partir de la polarización, porque éste es un factor que hace a los líderes creer cosas inadecuadas. Boric creía tener el resultado de la consulta del domingo en la bolsa. Con su capital político, qué podría salir mal. Sin embargo, esto muestra que la política actual ha perdido su quintaesencia: la búsqueda de consensos, la búsqueda de centros. Aunque claro, ante el anuncio de que el proceso buscará una nueva opción, se abre una nueva oportunidad que pulir la redacción y llevarla a un lugar que verdaderamente convenza a todos los grupos que, de entrada, busca representar. Ojalá allá sí aprovechen el chance que tienen para abrir diálogo y debate.