La fiesta en Qatar sí existe y el alcohol se consume justo en las narices de su más recalcitrante oposición.
En Doha y sus municipalidades aledañas, el consumo de alcohol está permitido únicamente en algunos hoteles y bares, mientras que su compra en tiendas de conveniencia únicamente es válida con una licencia para los residentes.
Pero eso no impide que el consumo del licor, una de las principales prohibiciones en el Islam, suceda con más frecuencia de la que Qatar se enorgullecería.
El festejo se vive tanto en hoteles de turismo internacional, donde confluyen personas de todos los continentes, la mayoría trabajadores de empresas qataríes, o bien en salones de fiestas de diversos hoteles, donde con DJ’s y barras libres se consuma el deseo de superar una de las restricciones que más ha llamado la atención rumbo a Qatar 2022: consumir alcohol.
En los bares y los “restaurantes” de los hoteles, una cerveza vale de 30 riyales qataríes (162 pesos mexicanos), en adelante.
El grado de dificultad aumenta al saber que, aunque está permitido tomar en estos lugares, caminar o manejar con una pizca de alcohol en la sangre puede ser motivo de cárcel o de una consecuencia peor, como perder el empleo y, en el caso de los “expats” (ex patriados), la visa y su lugar en este país.
La apertura que ha traído la Copa del Mundo a Qatar permite que incluso los ciudadanos natales se sientan con confianza de acudir a estos lugares para adquirir una cerveza de marca mexicana, con su respectivo tequila, y tomarlo mientras al fondo se proyecta un partido de futbol, el protagonista de los próximas semanas en Qatar.
En la sede que presupuestaba los más férreos controles para el consumo de alcohol, la fiesta puede descontrolarse ante la tormenta que viene en menos de un mes.