Mientras los vecinos de la Colonia La Colmena, en Iztapalapa, festejaban Día de Muertos con el sonido La Perla Antillana en plena calle, los bomberos esperaban para recuperar el cuerpo de un hombre del canal de aguas negras.
Los niños disfrazados de esqueletos, brujas y monstruos que pedían calaverita, caminaban por detrás del cordón amarillo que policías amarraron en los postes de Avenida Texcoco y Jesús Carrillo.
A pesar de que las cumbias y salsas que sonaban a todo volumen, y los fuegos artificiales explotaban en el cielo negro, la gente lograba comunicarse a gritos.
«¿Pero qué pasó?», preguntó una mujer.
«Pues encontraron un muertito», respondió un hombre.
Los policías habían recibido, a eso de las 19:00 horas, un reporte de un cadáver al interior de un respiradero cubierto con bolsas de basura.
Vecinos caminaban entre ellos sorprendidos por las sirenas, mientras comían los tamales que les dieron en el sonidero.
Solo un policía se quedó en resguardo del tubo del respirador, y a quien intentaba acercarse asomando la cabeza, este lo hacia para atrás alzando la mano.
«Estamos aquí para agradecer, en este día tan importante, a la Niña Blanca, que nos ha acompañado», se escuchó de repente desde las bocinas del sonidero, que resultó ser también ser usado para una misa a la Santa Muerte.
Los peritos llegaron en una ambulancia vieja, se bajaron, sacaron sus cámaras con flash y dieron la orden para que sacaran el cuerpo.
Ante la mirada de los muertos vivientes, los bomberos y paramédicos no tuvieron más que apurarse, envolverlo en una bolsa blanca y llevárselo cuando las luces sonidero los alumbraba.