Desde hace casi una década, el artista Omar Rodríguez-Graham mantiene una conversación dilatada, inagotable, con la historia de la pintura.
Para percibir este diálogo, es necesario aguzar bien la vista, con detenimiento, para trazar el camino que recorre la obra del mexicano, desde la tradición clásica del Renacimiento y el Barroco, hasta la abstracción libre en sus formas, tamaños y colores.
Así, en el que se ha vuelto un proceso en revisión constante, Rodríguez-Graham (Ciudad de México, 1978) ha hecho de su práctica la apropiación de obras de estos periodos históricos, que luego deconstruye a través de medios digitales, para devolverlas después al óleo sobre lienzo.
Su nueva exposición en la galería Marc Straus de Nueva York toma como punto de partida obras de El Bosco (1450-1550), Giambattista Tiepolo (1696-1770) y Gaetano Gandolfi (1728-1781) para mantener esta charla con la tradición.
«Me interesa generar una conversación, o mantener una conversación, con la historia de la pintura«, explica el artista en entrevista desde Arabia Saudita, donde evalúa un proyecto futuro en el espacio público.
«Es algo que siempre me ha emocionado porque, aunque he querido a veces moverme a otros espacios y medios, la pintura me sigue atrapando por lo emocionante que es para mí».
Explora y aplica nuevas tecnologías
Desde 2013, durante una residencia en la Skowhegan School of Painting & Sculpture, Rodríguez-Graham comenzó con el proceso que lo llevó a separarse por completo de su obra previa, de corte figurativo y realista.
«Yo lentamente me había acercado más a la gestualidad, a la idea de contemplar cómo se construye una pintura, cuáles son las razones y los méritos y las ideas que te llevan a generar un espacio pictórico», explica.
«Yo siempre había encontrado eso a través del realismo, pero siempre estuve mucho más interesado en los colores y las formas que surgían dentro de esos espacios pictóricos, entonces sabía que tenía que acercarme a algo que tuviera mayor posibilidad de explotar o de generar, de llevar al frente esas ideas de color y forma y dibujo», ahonda.
Contrario a la idea romántica de crear en el vacío, se decidió a tomar como base otras pinturas y, también, vencer el prejuicio con respecto al uso de las tecnologías digitales para llevar a cabo su obra.
«Me di cuenta de que tanto una computadora como una impresora es lo mismo que un pincel, o la pintura al óleo, la pintura acrílica, que son tecnologías y herramientas que uno puede aprovechar para generar lo que quiere lograr en un lienzo», apunta.
Su elección del periodo histórico de dónde toma las obras, detalla, provino de su interés por las técnicas artísticas de entonces y su exploración de formas con plena vigencia e interés.
«Me acerqué a un momento histórico, a este momento barroco, renacentista, manierista, rococó, porque es un momento dentro de la historia de la pintura, dentro de este gran arco, en que para mí es muy emocionante el uso de color, el uso de peso y espacio», reflexiona.
«Pensé que si yo podía tomar estos elementos que veía en estas pinturas, podría tener materia prima, pensando en las imágenes tal vez como cuando un músico contemporáneo utiliza una sección de una canción para generar un ‘sampleo'».
De esta forma, los collages, o «sampleos digitales» -como el artista los llama- de pinturas clásicas resultan en obras de gran frescura y dinamismo que, constantemente, mantienen un pie en la tradición.
Romper con los formatos tradicionales
Con el tiempo, Rodríguez-Graham ha ido incorporando otros elementos que hacen referencia a otros momentos de la la historia de la pintura, como los puntos de Roy Lichtenstein (1923-1997) o los trazos contundentes de Willem de Kooning (1904-1997), o incluso los patrones de las obras de Hokusai (1760-1849).
Como es evidente en las obras de su exposición en Nueva York, la más reciente búsqueda del artista reniega de los formatos tradicionales de las pinturas, cuadrados o rectangulares, para dejar que sea la distorsión de los colores de la obra original la que dicte la forma.
«Algo que siempre me ha interesado de la pintura de (David Alfaro) Siqueiros es que para él la pintura es algo más total, algo adonde se adentra el espectador por la escala, o la pintura se extrae de su espacio como ventana y se adentra en el espacio y convive con nosotros», dice sobre la inspiración para este nuevo periodo de su obra.
El proceso de Rodríguez-Graham, una vez que ha concluido el boceto por medios digitales, se vuelve completamente artesanal y pictórico, puesto que, para cada obra, es necesario manufacturar una estructura de aluminio para colocar el bastidor en donde será pintada la pieza con óleo.
«Yo trabajo un poco sobre la premisa del atelier renacentista: yo tengo mi equipo, trabajo con un gran equipo de artistas jóvenes que me apoyan en el trabajo, desde diseñadores industriales, carpinteros, equipos de manufactura, pintores», explica sobre esta otro guiño a la tradición.
Además de la muestra en la galería Marc Straus, que permanecerá abierta hasta el 18 de diciembre, actualmente se encuentra expuesta su pieza monumental Primer ensayo en la Fundación Calosa de Irapuato, para después itinerar al Museo de Arte e Historia de Guanajuato, en León, y después al Hospicio Cabañas, en Guadalajara.
«Esta experiencia total, completamente envolvente, donde el espectador es completamente atrapado por la pintura, no solamente a través de lo visual», dice sobre la obra, que se acompaña de una danza del coreógrafo Diego Vega Solórzano.
En su diálogo permanente con la historia de la pintura, Rodríguez-Graham continúa explorando todas las posibilidades de experimentación a su alcance.