Existen muchas costumbres norte americanas que han sido utilizadas en nuestro país a lo largo de los años, logrando sustituir algunas tradiciones mexicanas, aunque existen otras que se resisten a desaparecer, como lo es el día de los fieles difuntos contra la noche de brujas.
El festejo de la navidad ha superado en mucho a la peregrinación conocida como “Las Posadas”, festejo tradicional que ha desaparecido casi en su totalidad en el estado de Coahuila, pues a lo largo de los años, los padres han adoptado al personaje de Santa Claus norteamericano, como el símbolo navideño, incluso se ha vuelto más popular que el nacimiento del niño Jesús.
Años atrás, la imposición del gobierno llegó a extremos inimaginables y burdos, los cuales trataron de desaparecer la imagen del “gordito barbón de rojo”, sustituyéndolo por un personaje mucho más patriótico.
Se aproximaba la navidad de 1930 cuando el entonces presidente Pascual Ortiz Rubio citó al sub secretario de educación Carlos Lerdo de Tejada para tratar de encontrar la fórmula de evitar que los mexicanos dejaran de utilizar las costumbres norteamericanas.
La fiesta nacional más próxima era la navidad. Sin duda se trataba de la festividad con más influencia norteamericana y el emblemático personaje de Santa Claus, se había posesionado de caso todo el mundo.
Era imposible quitar la figura de “santa” de la noche a la mañana en la mente de los ciudadanos, así que tomaron la decisión de imponer una iniciativa para obligarlos.
El 27 de noviembre de 1930 se informó a los medios de comunicación que el Dios Quetzalcóatl seria la nueva figura que traería felicidad a los niños mexicanos y que en cada hogar se tendría que implementar la idea de que era este personaje el quien llegaba a las casas y dejaba los regalos.
Para hacerlo oficial, el 23 de diciembre se llevó a cabo un festival en donde Quetzalcóatl se presentaría ante más de 15 mil niños mexicanos, y fue a las 16:00 horas cuando subió a un templo construido especialmente para la ceremonia, mientras que varias sacerdotisas, tehuanas y guerreros aztecas danzaban a las faldas de la pirámide.
El personaje que simulaba a la serpiente emplumada, subió a lo alto y desde ese lugar lanzó dulces a los pequeñines, quienes hacían filas para llegar hasta la cima de la pirámide en donde se les entregaría regalos.
El patético evento aparentaba ser la peregrinación de la muerte que realizaban los aztecas al subir a las víctimas de sacrificios a lo alto de la pirámide en donde les arrancaban el corazón.
Los niños se sentían aterrados ante la figura desconocida que aparentaba ser un monstruo y muchos de estos lloraban al encontrarse frente al dios Azteca.
Con la finalidad de darle solemnidad al evento, autoridades federales, asociaciones civiles y fundaciones fueron obligadas a estar presentes, incluyendo al gabinete presidencial y obviamente, el presidente Pascual Ortiz Rubio y la primera dama se encontraban en primera fila.
Como parte de la iniciativa, la lotería nacional realizó un sorteo extraordinario en donde entregarían 600 mil pesos como premio mayor y la imagen de la Serpiente Emplumada se encontraba impreso en sus boletos.
Las críticas no se hicieron esperar, pues muchas asociaciones religiosas se mostraron en contra al señalar que atentaba en contra de las creencias católicas, las cuales se encontraba vulnerable pues tenía pocos meses de haber finalizado la persecución cristera realizada por Plutarco Elías Calles.
Pero en su mayoría, fueron burlas por parte de los medios de comunicación quienes se mofaron del festejo, del personaje y de la ley que trató de imponer el gobierno de Ortiz Rubio.
El ridículo llegó a otros países y las criticas duraron muchos meses, por lo que la navidad de 1931, Santa Claus regresó a México.