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martes 7 de abril de 2026

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Juegos de poder

Juegos de poder

Por Leo Zuckermann

Por qué estoy optimista sobre el futuro económico de México

Éste ha sido un sexenio muy malo en términos de crecimiento económico. Todo indica que, cuando termine el gobierno de López Obrador, el Producto Interno Bruto per cápita habrá disminuido. Sin embargo, yo estoy cada vez más optimista sobre el futuro económico de México. Explico por qué.

Me gustó mucho el tema de una mayor integración de las economías de Estados Unidos, Canadá y México en la pasada reunión trilateral de los jefes de gobierno de estos tres países. Soy de una generación que recuerda cómo nuestro país tuvo que salir a pedirle a los estadunidenses que nos hicieran el favor de considerarnos para firmar un tratado de libre comercio. Por fortuna, los gobiernos de Bush padre y Clinton entendieron que se trataba de una buena iniciativa para ambos países. Canadá, que ya tenía un acuerdo de este tipo con Estados Unidos, se subió a las negociaciones para fortalecer más la región de América del Norte.

Como he dicho muchas veces, pienso que el principal cambio que ha tenido México en los últimos cincuenta años es precisamente el tratado trilateral de libre comercio, antes NAFTA o TLCAN en español, ahora USMCA o T-MEC. Ha sido un exitazo, sobre todo para los mexicanos. En treinta años nos convertimos en una potencia exportadora. De ser nada para el comercio exterior estadunidense, hoy somos el principal socio comercial del poderoso vecino del norte. Un dato que suelo dar en mis conferencias es que México exporta al año más que todos los demás países de América Latina en su conjunto. Ni juntos nos alcanzan.

Bueno, pues resulta que vinieron Biden y Trudeau a proponernos una mayor integración con ellos. Vaya diferencia con el pasado en que nosotros éramos los solicitantes. Ese cambio, en sí, es un gran logro. Ya somos parte fundamental de América del Norte y así nos tratan nuestros socios.

Gracias a la pandemia del virus SARS-CoV-2 comenzó la relocalización a México de empresas que producían en Oriente, particularmente en China, aprovechando nuestra cercanía geográfica con Estados Unidos. El famoso nearshoring que ya entró en el vocabulario nacional. Hoy, gracias a ese efecto, han ingresado miles de millones de dólares de inversión extranjera directa. De hecho, en las ciudades fronterizas hay una escasez de parques industriales por la gran demanda que existe por instalar fábricas en México.

A eso hay que sumar, ahora, el friendshoring, es decir, la producción de bienes y servicios en países aliados de Estados Unidos. En aquel país ya ven a China como el gran enemigo con el que van a tener que competir en el siglo XXI por la hegemonía mundial. Quieren, en este sentido, debilitar a los chinos mermando su poder exportador. Pero también saben que solos, con la escasez de su mano de obra, no van a poder competir contra la superpotencia asiática. Necesitan la fuerza de producción y consumo de sus dos vecinos: Canadá y México.

Biden, como lo había hecho anteriormente el secretario de Estado, Antony Blinken, vino a México a invitarnos a entrarle al esfuerzo para sustituir importaciones de China, sobre todo en dos sectores estratégicos: semiconductores y electromovilidad. El gobierno estadunidense está implementando una política industrial con subsidios para producir chips y transportes eléctricos en la región de América del Norte. Los mexicanos seríamos unos brutos si no aprovechamos los miles de millones de dólares de los contribuyentes estadunidenses para poner fábricas en los tres países de Norteamérica.

Gracias a la geopolítica internacional, la mesa está puesta para un boom económico en México. Si hoy no crecemos más es por culpa de un gobierno que no entiende de economía y que, con ciertas decisiones y acciones, ha asustado a los inversionistas, sobre todo los nacionales.

Pero López Obrador, con sus delirios de nacionalismo energético e ignorancia de la economía de mercado, no va a cambiar. Así que tendremos que esperar a que acabe su sexenio para aprovechar a tope las oportunidades que se están abriendo con el nearshoring y el friendshoring.

Creo que el próximo presidente de México, sea de Morena o de la oposición, a diferencia de AMLO, sí aprovechará la fantástica ventana de oportunidades económicas que se ha abierto para el país. Al siguiente mandatario le irá muy bien en su popularidad si logra altas tasas de crecimiento del PIB.

Por eso, estoy muy optimista sobre el futuro económico de México. Más después de la visita de Biden y de Trudeau, que quieren una integración más profunda de la región económica más dinámica del mundo: Norteamérica.        

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