En la política, como en muchas otras áreas de la vida, hay quienes muestran una actitud multifacética y cambian de posición de acuerdo con las circunstancias. El promotor de la Feria de Ramos Arizpe, Arturo Nuncio, parece ser uno de ellos.
Durante años, ha estado al frente de la organización de este evento en administraciones priistas, y ha obtenido buenas ganancias en el proceso. Es comprensible, entonces, que se sienta agradecido con el PRI.
Sin embargo, en las últimas campañas electorales, ha sido visto apoyando al Partido Verde y a Morena. Esto ha levantado sospechas entre algunos partidos de que podría ser un infiltrado, alguien que busca favorecer a su partido real mientras aparenta apoyar a otros.
Lo que es seguro es que Nuncio tiene una camiseta bien puesta, pero su color parece cambiar según la conveniencia. En un momento dado, afirma que su apoyo es para Morena y sus candidatos, pero muchos no le creen.
De hecho, cuando Ricardo Mejía Berdeja estaba en precampaña con Morena, Nuncio se puso a la orden del candidato y defendió la transformación antes de que Mejía cambiara de bando y se fuera con el Partido del Trabajo.
Es cierto que en política hay muchos que cambian de opinión y de partido, pero la actitud de Nuncio parece ir más allá de eso. Se le podría acusar de ser una “prostituta política”, alguien que vende sus servicios al mejor postor sin importar los principios o las ideologías, con el respeto que merecen las personas que practican este oficio.
En resumen, la actitud multifacética de Arturo Nuncio puede resultar desconcertante para muchos, pero también puede ser una muestra de la falta de principios y valores que a menudo caracteriza la política en nuestro país.