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martes 7 de abril de 2026

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Juegos de poder

Juegos de poder

Leo Zuckermann

Seis años después

Estamos a 18 días de la elección de gobernador en el Estado de México, la entidad que tiene más electores de todo el país.

Cómo ha cambiado México en un sexenio.

Hace seis años, el PRI ganó estos comicios con una estrategia electoral que había probado un año anterior, el 2016, en Oaxaca. El tricolor, liderado por el presidente Peña, sabía que había un ambiente muy antipriista en el electorado: cada vez había menos gente dispuesta a votar por este partido. La idea, entonces, era ganar con un porcentaje bajo. En el Edomex lo hicieron en 2017 con un magro 33.7% de los votos.

¿Cómo lo lograron?

Por un lado, sumando todos los apoyos que pudieran, aunque fueran marginales y, por el otro, dividiendo el voto opositor.

Hace seis años, desde la oposición, López Obrador les había llamado “rémoras” a los partidos chicos que acompañaron al PRI en la candidatura de Alfredo del Mazo en el Edomex. Esos pececillos fueron los que hicieron la diferencia para que el tiburón priista ganara.

Los números no mienten. El PRI, de acuerdo al PREP mexiquense, había obtenido 29.8% de la votación total. La primera “rémora”, el Partido Verde, contribuyó con 1.3% más de votos. La segunda, Nueva Alianza, con 0.9 por ciento. La tercera, Encuentro Social, con 0.7 por ciento. Combinaciones de los cuatro partidos coaligados sumaron un 1% adicional. En total, los tres partidillos aportaron 3.9 puntos porcentuales. Nada mal, sobre todo si se toma en cuenta que la diferencia entre Del Mazo y Delfina Gómez, de Morena, fue de 2.9 puntos porcentuales.

El candidato priista ganó hace seis años con el 33.7% de los sufragios. Al parecer, algunos de los que lo apoyaron fueron votantes panistas que, en los últimos días, cambiaron su decisión por el llamado “voto útil”. En las últimas encuestas preelectorales, la candidata del PAN tenía alrededor de 14% de las intenciones de voto. Al final, Josefina Vázquez Mota obtuvo un 11 por ciento.

Algunos panistas —sobre todo en el llamado “corredor azul” (municipios mexiquenses conurbados al poniente con la Ciudad de México)— habrían cambiado su voto a última hora. Sabiendo que no ganaría Josefina, votaron por el PRI para que no ganara la candidata de Morena. No sé si fue un voto en contra de Delfina Gómez, de AMLO o de ambos. El hecho es que esto también sumó para que ganara Del Mazo.

Puntitos por aquí, puntitos por acá, el PRI fue recogiendo apoyos que acabaron siendo determinantes para que su candidato derrotara a la de Morena.

Sumar, sumar y sumar, pero también dividir, dividir y dividir, lo más que se pueda, al electorado antipriista.

La lección también la aprendieron en 2016 en Oaxaca. Importantísimo en este elemento estratégico fue evitar que el PRD se aliara con el PAN en el Edomex. Además, que el Partido del Trabajo lanzara a su propio candidato en lugar de apoyar a Morena (aunque, al final, declinó a favor de Delfina, pero, con todo, Óscar González obtuvo 1% de la votación) y la inclusión de una candidata independiente en la boleta (Teresa Castell, que sacó 2%). La suma de estos votos (3%) es mayor a la diferencia por la que le ganó Del Mazo a Delfina (2.9%).

El PRI hizo todo lo que pudo para desincentivar la formación de un frente opositor de izquierda entre Morena y el PRD. Para ello contaron con la extraña ayuda de López Obrador, quien también se opuso a dicha alianza. De haberse unido las dos fuerzas izquierdistas, hubieran arrasado en la elección. Divididas, le pusieron la mesa al PRI para seguir gobernando el Edomex.

En la estrategia de dividir el voto, el PRI también recurrió a tácticas muy rudas, bordando en la ilegalidad, como utilizar a las instituciones de justicia para golpear a una candidata. Una vez comenzado el proceso electoral, filtraron una supuesta investigación de la PGR en contra de familiares de Vázquez Mota, quien iba arriba en las encuestas. El golpe funcionó: algunos electores abandonaron a Josefina para irse a otras opciones antipriistas fragmentando, así, el voto opositor. (En vísperas de la elección, la PGR anunciaría que no existía dicha investigación).

En el Edomex, hace seis años, el PRI demostró que no estaba muerto. Pero tampoco gozaba de cabal salud. Era un partido enfermo con cada vez menos apoyo social. Un año después, en 2018, su candidato presidencial quedaría en tercer lugar.

Cómo han cambiado las cosas desde entonces. Ahora Morena es el partido que se alió con las rémoras que hicieron ganar al PRI en 2017. Ahora el apoyo del gobierno federal es para Morena. No por nada son los favoritos para llevarse la gubernatura el próximo cuatro de junio en un ambiente que, hoy, es todavía más antipriista que hace seis años.

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