“El sólo se empezó a preparar, lavarse su cara, los dientes, ponerse su uniforme, me sorprendió verlo”, expresa Yosli Magali, acerca de esta experiencia
Oscar Ballesteros
La Prensa
“Casi que me pide él que no llore”, fueron las palabras de Yosli Magaly Rodríguez Díaz con relación al primer día en preescolar de Agustín, su primer hijo quien asiste a un plantel de educación básica; al ser la primera vez que él se presentaría a una escuela, días antes le explicó algunas cosas de la nueva etapa, cuestiones que el pequeño asoció rápido y hoy desde que despertó mostró cierta responsabilidad.
Al despertarlo, más temprano de lo ordinario, se apegaron a su costumbre el despertar con algunos juegos para empezar su día de buen humor, dinámica que funcionó, pues lo mencionado en días pasados de ser un nivel de mayor exigencia fue recordado por Agustín quien sorprendió a su madre, iniciando el día con mayor autonomía en cuanto a sus acciones de higiene y vestimenta.
“Es despertarlo con juegos para que esté de buen humor el resto del día, después él solito sólo se empezó a preparar, lavarse su cara, los dientes, ponerse su uniforme él solo (…) me sorprendió verlo cómo él ya se está preparando, que sólo me pide ayuda para cosas concisas, como mamá sí me dan ganas de llorar, él fue quien me pidió que no llorara” explicó Magaly Rodríguez.
Después de las labores en el hogar emprendió su camino hacia el kínder “Federico Froebel”, sitio donde enfrentarían, como estudiante y mamá primeriza en cuestión de la educación, su nueva etapa la cual resultó bastante fácil para el estudiante quien se prestó sonriente para la cámara mientras realizaba sus primeras actividades en preescolar como fue el Saludo a la Bandera y entrar a su salón.
No así, por parte de su madre a quien la superaba la emoción de este primer día, pues esto para ella supone uno de los primeros logros como madre «Me ganó la emoción porque veo lo que ya ha crecido y considero que estoy haciéndolo bien, me sorprendió la empatía e independencia que mostró» finalizó Magaly.