A Cielo Abierto, filmada en Coahuila, de Saltillo a Piedras Negras, de Guillermo Arriaga y sus hijos Santiago y Mariana, es una narrativa con la creatividad del cineasta
Por: Mauricio Ángel
La Prensa
Para los cineastas Santiago y Mariana Arriaga, el cine y la familia están totalmente relacionados, ya que conocen las filmaciones desde la infancia, cuando su padre, Guillermo Arriaga, los llevaba con él, pero ese vínculo se fortaleció aún más en su primer largometraje, A Cielo Abierto.
Su ópera prima, la cual presentaron en el Festival de Cine de Venecia en 2023, fue el primer guion que su padre escribió, incluso antes de historias tan importantes para el cine mexicano como Amores Perros, inspirado en un accidente automovilístico que tuvo.
Desde que Santiago encontró el manuscrito en una caja, supo que quería filmarlo de manera muy fiel a lo que las letras proponían, ya que en la trama descubrieron los pensamientos de su padre cuando tenía una edad similar a la que ambos hermanos ahora tienen.
«Queríamos que fuera de alguna manera la ópera prima de los tres, que fuéramos un grupo de treintañeros haciendo esta película.
«El cine es familia, muchas veces los que hacemos cine nos tenemos que ir de casa por meses y en este caso la familia fue con nosotros. Somos una familia muégano y salimos siéndolo más», compartió Santiago Arriaga al presentar el filme en la CDMX la tarde de este miércoles.
La cinta, que se estrena el 17 octubre en cines, arranca con un accidente automovilístico, entre un trailero y un un carro donde viajan un padre y su hijo. Producto de la colisión, el padre muere.
Aquello deja tales heridas en los hijos, que se plantean la búsqueda de venganza, algo que los lleva a un viaje por carretera.
«Este largometraje en particular es un proyecto que me marca porque lo hicimos en familia, nuestro padre lo inició hace 30 años, escribiendo, y luego nosotros lo encontramos y tuvimos la fortuna de poder ver y conocer esa versión de nuestro padre, que expresaba sus miedos por no poder estar para nosotros y qué hubiera sido de nosotros (si hubiera muerto en el accidente).
«Nosotros ahora lo dirigimos con la fortuna de tenerlo. Es un proyecto muy personal para ambos, para nuestros padres, y luego se contagió», remarcó Mariana Arriaga.
La familia Arriaga acostumbraba hacer viajes en carretera y vacacionar en estados como Coahuila, por lo que estaban familiarizados con los escenarios que eligieron para rodar.
Si bien el escritor de 21 Gramos fue productor del filme, llegaba intencionalmente tarde, se quedaba lejos y se iba temprano, ya que quería dar libertad a sus hijos al dirigir.
Quedó tan admirado con su trabajo que no dudó en admitir que aunque él quiso llevarla al cine en un inicio, con el tiempo llegó a directores que lo superan en talento.
«Vine a aprender de cine con ellos, me sorprendió la cantidad de conocimiento de cine que tienen. Escuchaba las instrucciones que daban al fotógrafo, fue muy emocionante aprender de ellos como directores. Creo que rebasaron las expectativas mías», dijo Guillermo Arriaga.