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martes 26 de mayo de 2026

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Unen sus vidas en la prisión

Unen sus vidas en la prisión

El amor de 30 parejas quedó oficialmente sellado con el matrimonio en el Cereso No. 3 de Cadereyta.

Un evento sin precedentes en el Estado se realizó ayer: 30 hombres privados de la libertad se casaron, pero 15 de ellos lo hicieron con mujeres actualmente internas en el Cereso femenil, que fueron trasladadas a Cadereyta para contraer nupcias.

Las mujeres ingresaron al salón de eventos del penal vestidas de novia para encontrarse con su amado.

Los otros 15 hombres se casaron con mujeres que están en libertad.

En la historia de los centros penitenciarios del Estado sí ha habido bodas colectivas, pero de varones internos que se casan con mujeres que están afuera del Cereso.

Este evento se logró gracias al trabajo de Mercedes Jaime de Fernández, voluntaria vicentina que desde hace cuatro décadas ha trabajado para liberar a personas inocentes y a quienes cometieron delitos menores.

«Es la primera vez en 40 años que del Cereso femenil me piden bodas, increíble, pero cierto», dice doña Meche. «No había sucedido que nos pidieran que el interno tuviera a su pareja también internada y quisieran casarse».

La ilusión y felicidad que esto genera en las parejas la motiva, añade, y la esperanza de que este matrimonio les traiga un nuevo ideal para luchar y salir adelante.

Con ayuda de organizaciones civiles, doña Meche gestionó los trámites legales necesarios, estudios médicos, vestimenta para los novios que no tenían. El restaurante Pangea, de San Pedro, donó el banquete para la celebración.

Esto además de las facilidades que otorgaron las autoridades penitenciarias para volver este sueño realidad.

Ahora, ya casados, las parejas tienen derecho a una visita conyugal una vez al mes. Cuando ambos están internos, las mujeres del Cereso femenil son trasladadas al de Cadereyta.

¿Quieres saber cómo se conocieron estas parejas?

Kevin y Jenny se enamoraron en el 2017 en el Penal del Topo Chico.

KEVIN Y JENNY

Kevin, hoy de 24 años, visitó en 2017 a un familiar en el Penal del Topo Chico y quedó flechado por Jenny, interna entonces en ese penal, cuando hombres y mujeres estaban juntos y aún no existía un Cereso exclusivo para mujeres. 

«Yo me enamoré de ella», dice Kevin. «En el Topo Chico antes andaban sueltos y tú podías entrar y andaba toda la visita suelta, y pues la vi y dije: ‘Ella tiene algo que me gusta’. Pregunté por ella».

Un par de años después el joven fue detenido, ingresado primero al Topo Chico (cerrado en septiembre de 2019) y después trasladado al Cereso No. 3 de Cadereyta.

Cuenta ella: «Empezamos a platicar y ya me cambian a este penal (Cereso femenil), y después él cae al penal también, pero seguimos teniendo comunicación gracias a su mamá».

Han mantenido comunicación por llamadas que les permiten hacer en los penales, en una de las cuales Kevin aprovechó para pedirle matrimonio. «No quería, pero al último aceptó», expresa Kevin.  

Los jóvenes conversan con una enorme sonrisa y dicen que vivirán el momento.

La ilusión por seguir afuera juntos está presente, aunque ella cumple una sentencia de 31 años y, él, de 15 años.

«Estamos hasta el chongo de años», ríe Kevin. 

«Tenemos sentencia larga, pero aquí estamos juntos como quiera», agrega sonriente Jenny. 

JORGE ADRIÁN Y ROSA ICELA

Hace cinco años fueron detenidos Jorge Adrián y Rosa Icela, quienes ya eran pareja. 

A ella la ingresaron al Cereso femenil. A él lo internaron el Cereso de Apodaca 1 y luego al de Cadereyta.

Ambos tienen 32 años y son papás de un adolescente de 12 años.

«Nos detuvieron al mismo tiempo», comenta Jorge. «Venimos por el mismo delito: secuestro agravado».

Ayer estaban felices, porque tras un noviazgo de 15 años por fin se casaron.

¿Qué significa para ustedes formalizar ahorita con el matrimonio?

«El salir y estar juntos para siempre», expresa Rosa Icela. «Siempre le he dicho a él que juntos vamos a estar siempre y, ahora, vamos a formalizar nuestra relación».

Tienen la esperanza de obtener una reducción de sentencia y salir libres a disfrutar del amor que los une.

¿Cómo le han hecho para mantener la relación cinco años pese a estar cada uno en un penal?

«Pues nada más no enojarnos», comenta Jorge, «y pues tampoco nos podemos acoplar aquí a estos lugares, porque no es de que vengas a acoplarte, pero sí buscamos estar tranquilos».

EMMANUEL Y KARLA

Emmanuel y Karla se enamoraron hace 13 años cuando ambos estaban recluidos en el Penal del Topo Chico. Él ingresó en 2009. Ella, en 2012.  

Luego fueron separados: él fue trasladado al Cereso de Cadereyta y, ella, al Femenil. 

Perdieron comunicación desde hace cinco años, pero Emmanuel, hoy de 36 años, al enterarse de la posibilidad de casarse, le pidió a un amigo que contactara a Karla, de 44 años, su viejo amor del Topo Chico.

«Tenía cinco años que no la miraba y quería verla otra vez», dice Emmanuel, minutos antes de firmar el acta de matrimonio.

«Nos dieron una llamada intercarcelaria y pude hablar con ella para hacerle la proposición por teléfono».

Karla recuerda la llamada:

«Nada más hablé por teléfono una vez con él y me dijo: ‘¿Nos casamos?’ y yo: ‘Sí’, y así de volada».

¿Cómo se conocieron en el Penal del Topo Chico?

«Nos vimos en un baile, hubo como un festival y ahí lo conocí», comenta la mujer. «Es que hacían bailes del Día del Amor y de todo eso».

Este paso al matrimonio lo dan, afirman, porque ambos están próximo a salir del penal y sueñan con una vida juntos.

«Pronto nos van a dar la libertad y vamos a seguir esto afuera», señala Emmanuel.  

A Karla le falta más de un año para cumplir su sentencia y, a su ahora esposo, un poco más de tiempo.

Por años, Imelda y Jaime han mantenido comunicación por cartas.

IMELDA Y JAIME

Imelda y Jaime han llevado un amor a la antigua. 

Ella, de 45 años, y él, de 42 años, han mantenido comunicación por cartas que se han enviado de Cereso a Cereso.

Cuentan que la correspondencia les llega, en promedio, cada mes y medio.

Se conocieron antes de que ambos fueran detenidos.

A Imelda ingresó al Topo Chico en 2011. Para julio de 2013 cuenta que vio en la tele la noticia de que Jaime había sido detenido.

«Habíamos perdido el contacto, solamente que coincidimos en el penal. Luego empezamos por correspondencia hasta que tomamos la decisión de unir nuestras vidas en matrimonio».

Jaime tomó la decisión de pedirle matrimonio y ahora son un equipo para apoyarse en las buenas, en las malas y en las peores.

«Estoy a la espera de la resolución de mi amparo y espero, si sale favorable, irme y estar viniendo obviamente a verlo», dice Imelda.

«Porque el matrimonio no es nada más mientras estamos aquí: es el apoyo mutuo tanto afuera como adentro, y un matrimonio es para toda la vida».

Por El Norte

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