Durante más de cuatro décadas, el arquitecto Jorge Luis Ramos Mata se ha dedicado a combinar su oficio con el arte en acuarela. Inspira su obra en arquitectura antigua, calles empedradas y paisajes de semidesierto
Luis Ángel Estrada
La Prensa
De las líneas precisas de un plano a los trazos fluidos de una acuarela, el arquitecto Jorge Luis Ramos Mata ha dedicado más de cuatro décadas a combinar oficio y arte. Constructor de iglesias, clínicas y viviendas, maestro en aulas y en obra, y pintor autodidacta, su vida profesional ha estado marcada por una misma pasión: crear.
Su historia comenzó en la infancia, cuando el dibujo se convirtió en su lenguaje natural. “En la escuela siempre me pedían dibujar el mapa de México o copiar las figuras de revistas”, recuerda con una sonrisa. Aquel talento lo llevó a tomar la decisión que marcaría su destino: estudiar Arquitectura en la Universidad Autónoma de Coahuila, en Saltillo, en una época en que la carrera era costosa y no se ofrecía en Monclova.
Recién egresado, se adentró en el sector de la construcción con proyectos de casas de interés social. Sin embargo, su espíritu independiente lo llevó pronto a trabajar por cuenta propia. Entre sus obras más representativas se encuentran la clínica de ginecología y obstetricia del Dr. José Santos Navarro, varias capillas en la región centro de Coahuila y desarrollos comerciales. “Cada edificio debe tener el concepto para el que fue creado, desde el primer trazo hasta la última piedra”, afirma con convicción.
Paralelamente, Ramos Mata ha encontrado en la enseñanza una manera de perpetuar su legado. En aulas y talleres ha transmitido a generaciones de estudiantes el valor de la creatividad manual. “La computadora es fría; antes de digitalizar, hay que proyectar a mano para ser creativos y originales”, insiste, convencido de que la destreza del lápiz sigue siendo la base de la buena arquitectura.
Su faceta de acuarelista nació en los pasillos universitarios, alentada por un maestro que lo introdujo a la técnica. Un pintor local desestimó su trabajo, crítica que casi lo aleja de la pintura. Fue su esposa quien lo motivó a retomar los pinceles y a perfeccionar un estilo personal de colores intensos y composiciones vibrantes. Hoy, sus obras forman parte de exposiciones colectivas e individuales en Monclova, Piedras Negras y San Buenaventura, y han sido adquiridas por coleccionistas tanto locales como extranjeros.
La temática que domina sus acuarelas suele estar inspirada en la arquitectura antigua, las calles empedradas y la vida cotidiana de pueblos mexicanos, elementos que combina con precisión de arquitecto y sensibilidad de artista. Esa dualidad le ha permitido integrarse a grupos internacionales de acuarelistas, donde comparte su trabajo con creadores de distintas latitudes.
Actualmente, divide su tiempo entre Piedras Negras y Monclova, combinando su labor en una constructora con la pintura nocturna. “Soy feliz con mi carrera. Me gusta lo que hago y todavía me pagan”, dice entre risas, convencido de que el arte y la arquitectura seguirán marcando sus días.