La comunidad japonesa eligió este Pueblo Mágico no por casualidad, sino porque desde hace más de un siglo familias niponas llegaron a estas tierras para trabajar, formar hogares y dejar aquí su legado
Por Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – El pasado domingo 31 de agosto, la mágica Hacienda Antigua de Perote en Parras de la Fuente se convirtió en el escenario de una ceremonia profundamente significativa: el Obon, tradición japonesa dedicada a honrar a los ancestros. La comunidad nikkei, junto con visitantes y representantes de distintas ciudades, se reunió para dar vida a este ritual espiritual cuyo propósito es mantener viva la memoria de los seres queridos y reforzar los lazos familiares y comunitarios.
La jornada inició desde temprana hora con la ceremonia central, dirigida por el Dr. Shinji Hirai, presidente de la Asociación México Japonesa del Noreste, acompañado por la Reverenda Sakiko Yoko. Durante este emotivo momento, los asistentes llevaron fotografías de sus familiares fallecidos como parte del homenaje, en un ambiente de respeto, gratitud y recogimiento.
Posteriormente, se celebró un Mini Festival Japonés, en el que se disfrutaron presentaciones culturales, muestras gastronómicas y actividades tradicionales que acercaron a los parrenses a la riqueza de la cultura nipona.
El Obon, que en Japón se festeja cada mes de agosto, es considerado junto con el Año Nuevo una de las celebraciones más relevantes. En México, la Asociación México Japonesa del Noreste lo ha llevado a Monterrey, Piedras Negras y Chihuahua, llegando este 2025 a Parras de la Fuente con un propósito muy especial: rendir tributo a los ancestros de aquellos japoneses que, desde principios del siglo XX, llegaron a estas tierras para establecerse, trabajar la agricultura, abrir comercios y formar familias.
La elección de Parras no fue casualidad. Aquí y en la región de La Laguna se asentaron varias familias japonesas que encontraron en Coahuila un lugar fértil para empezar una nueva vida. Muchos de esos migrantes nunca regresaron a Japón y hoy descansan en suelo mexicano. Traer el Obon a Parras significa, entonces, reconocer a esos pioneros, agradecer su legado y honrar su memoria en el mismo sitio donde vivieron y construyeron comunidad.
El Dr. Hirai explicó que la finalidad de realizar esta ceremonia en Parras no solo fue preservar la tradición japonesa, sino también abrir un espacio de encuentro cultural con las familias locales. “Nuestros antepasados trabajaron y vivieron aquí, por eso hacemos el Obon en Parras: porque aquí quedaron sus huellas y aquí seguimos recordándolos”, destacó.
Para la población local, el Obon representó también una oportunidad única de descubrir cómo Japón honra a sus difuntos y de reflexionar sobre la semejanza con las tradiciones mexicanas, como el Día de Muertos, donde igualmente se coloca un altar, se encienden velas y se ofrece comida a quienes ya partieron. Ambas celebraciones, aunque con distintos matices, coinciden en la idea de que el amor y la memoria hacia los ancestros nunca desaparecen.
En un ambiente de fraternidad, las oraciones, los cantos y las imágenes de los ancestros hicieron de este encuentro un puente entre la tradición japonesa y la calidez mexicana. El Obon en Parras no solo rindió tributo a quienes ya partieron, sino que dejó en cada corazón la certeza de que el recuerdo trasciende fronteras y generaciones.
Al evento asistieron representantes y familias de Guadalajara, Nuevo León y Saltillo, así como Josefina Sakanassi quien es parte de estas familias japonesas establecidas en el municipio y además coordinadora local. También estuvo presente la presidenta de la OCV, Olga Leticia Lara Rodríguez, cuya participación dio realce a una celebración que unió historia, espiritualidad y cultura en tierras coahuilenses.