Lucy perdió sus piernas, pero no sus ganas de vivir ES EL PRIMER CASO DE DEPORTACIÓN VOLUNTARIA DE LA REGIÓN
Salió de Venezuela en búsqueda del “sueño americano”, sin embargo, hace 23 meses, tras recorrer siete países y muy cerca de los EU, sufrió un terrible accidente
Por: Oscar Ballesteros
LA PRENSA
FRONTERA, COAHUILA. Con una porra al unísono de “Lucy, hermana, ya eres mexicana”, la comunidad de la parroquia El Verbo Encarnado despidió a Lucía Pacheco Plascencia, migrante venezolana que, a pocos días de cumplir dos años del accidente donde perdió ambas piernas, consiguió ser el primer caso de deportación voluntaria en la región. Su destino es Santo Domingo, República Dominicana, donde vive toda su familia.
En su camino hacia el sueño americano, Lucía Pacheco Plascencia, de 56 años, cayó del tren el 26 de noviembre de 2023. Perdió ambas extremidades inferiores y con ello la posibilidad de llegar a Estados Unidos, su meta final. Por la gravedad del hecho, su recuperación fue muy visible. Fue atendida en el hospital Amparo Pape de Benavides y luego alojada en la casa humanitaria San Juan.
El párroco de la iglesia, quien también dirige el refugio, compartió la alegría de concretar el primer caso exitoso de deportación voluntaria entre los migrantes atendidos. Explicó que la gestión duró al menos un año ocho meses, periodo en el que buscaron ser validados como refugio y obtener la colaboración de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), adscrita a la ONU.
“A la bio, a la bo, a la bim bom ba, Lucy, Lucy, ra ra ra” y “Lucy, hermana, ya eres mexicana” resonaron afuera de la parroquia ubicada en la colonia Occidental cuando Lucía abordó uno de los vehículos de la OIM para iniciar el viaje que la llevará de vuelta con su familia. Pasará por distintos puntos del país y prevé reunirse con sus seres queridos la mañana de este jueves.
UN PROCESO LARGO, PERO VALIOSO
Entre 16 y 18 meses duró el camino para que Lucy estuviera cerca de regresar a casa. A su llegada comenzó el proceso de validación para la casa humanitaria San Juan. Las buenas intenciones no bastaban, así que inició una revisión para comprobar que el apoyo a migrantes fuera real.
“No teníamos conocimiento básico sobre esto hasta ahora que se nos dio el visto bueno para ayudar a la repatriación. Lucy estuvo con nosotros dos años y los primeros seis meses fueron los más difíciles por su recuperación. Tiene amputadas sus dos piernas. Después buscó apoyo para prótesis y, al no ser mexicana, no se logró, pero nunca perdió las ganas de trabajar”, señaló el padre Paulo Sánchez Valencia.
Pasados siete meses, ella pidió iniciar un proceso de repatriación. Con poco conocimiento previo, pero con un acercamiento a la OIM por una visita anterior en la que se gestionaron 85 visas humanitarias para la oleada de haitianos en la Región Centro, retomaron el trámite.
Hubo complicaciones porque, aunque nació en Venezuela, su vida y familia están en República Dominicana, donde se estableció tras casarse. Esto alargó el proceso. Además, estuvieron bajo investigación de las autoridades, que querían asegurarse de que el apoyo no tuviera fines lucrativos.
“Por ello, a todos nuestros hermanos que estén en esta condición y con el interés, ya podemos apoyarles, como se hizo con Lucy. Que se acerquen con nosotros y los procedimientos ya están pactados para durar de tres a seis meses”, puntualizó el párroco.
SU LESIÓN Y SU ACTITUD DEJARON HUELLA EN EL HOSPITAL
Tras ser auxiliada por paramédicos y autoridades de Frontera, la extranjera fue llevada al hospital general Amparo Pape de Benavides. Llegó con ambas piernas amputadas, pero permaneció consciente, situación que marcó al personal del nosocomio, que la recuerda con cariño por su recuperación y su reciente logro.
“Fue una paciente que nunca voy a olvidar. Nos llegó con ambas piernas amputadas. Fue un milagro porque venía con las extremidades desprendidas. Nos sorprendió que resistiera el traslado de 40 a 50 minutos y llegara consciente y neurológicamente estable. De otra forma se habría desangrado incluso en el accidente”, explicó el director del hospital, Ángel Cruz García Rodríguez.
De acuerdo con los cirujanos plásticos que la atendieron, la temperatura de las ruedas ferroviarias que la lesionaron provocó una cauterización que le salvó la vida. Durante su recuperación también dejó huella por su actitud.
“Tuvimos mucha convivencia. Platicaba con sus dos hijas, que seguían en su hogar, en su país, y hablaba maravillas del trato recibido por los mexicanos, sobre todo los de la región. Después fue acogida por la parroquia El Verbo Encarnado, donde la visité una o dos veces para llevarle las cartas de evolución médica. Siempre fue una persona amable y empática, transmitía paz y se hizo de muchos amigos”, agregó.