Monseñor Hilario González García, recordó que el Adviento es tiempo de acción y de frutos, no sólo de discursos o buenas intenciones
Por: Ulises Cruz
LA PRENSA
SALTILLO, COAHUILA.– Con un mensaje firme desde el púlpito, el Obispo de la Diócesis de Saltillo, Hilario González García, sacudió a la feligresía al advertir que el Adviento no puede vivirse con tibieza ni apariencias, sino con una conversión auténtica que se refleje en obras concretas de justicia, reconciliación y paz.
Enfatizó que este tiempo exige enderezar el camino, reparar relaciones rotas y actuar con congruencia en la vida diaria, pues “no basta calmar la conciencia: la fe debe dar frutos verdaderos”.
En el marco del Segundo Domingo de Adviento, el Obispo de la Diócesis de Saltillo, monseñor Hilario González García, dirigió un mensaje centrado en la conversión como ruta indispensable para preparar el corazón rumbo a la Navidad. Señaló que este tiempo litúrgico exige congruencia de vida, la práctica constante de buenas obras y el esfuerzo decidido por restaurar la armonía con quienes nos rodean.
El Obispo explicó que la conversión debe reflejarse en hechos y no sólo en palabras, pues implica enderezar aquello que “no está derecho” en la vida personal y comunitaria. Subrayó que la fe auténtica se manifiesta en la justicia, la paz y la reconciliación, pilares que —dijo— permiten construir una comunidad más fraterna.
Durante su reflexión, recordó la profecía de Isaías, que anuncia a un Salvador lleno de sabiduría, inteligencia, fortaleza y temor de Dios, capaz de impartir justicia con rectitud y promover la paz incluso entre realidades aparentemente irreconciliables. Destacó también que el salmo del día es una súplica confiada por la llegada del Rey que defiende al débil, protege al necesitado y muestra misericordia al que sufre.
Monseñor González retomó la exhortación de San Pablo a vivir con esperanza y en armonía, impulsados por la paz que procede de Jesucristo. Agregó que el mejor modelo para construir esa paz es el mismo Jesús, “quien nos ha tratado con misericordia”.
Asimismo, presentó la figura de San Juan Bautista como guía para quienes desean ser auténticos precursores del Señor. La conversión —insistió— debe dar frutos de justicia y paz, y estos frutos sólo nacen del arrepentimiento sincero y de las buenas obras realizadas con generosidad y sin intereses personales.
El Obispo recordó que a todos los creyentes se nos ofrece un bautismo en el Espíritu Santo para recibir los dones que permiten vivir la fe con entrega y caridad. “Hemos de ser árboles que den buenos frutos, buen trigo que alimente espiritualmente al mundo”, expresó.
Para esta segunda semana de Adviento, llamó a la feligresía a asumir tres compromisos concretos: reconocer con sinceridad las propias faltas, practicar obras de misericordia que respondan a necesidades reales y promover la justicia y la paz en la familia, el barrio y la ciudad.
Finalmente, invitó a realizar un examen de conciencia profundo y a reconciliar relaciones dañadas: “Recibamos cordialmente a quienes hemos apartado del corazón, tal como Jesús nos recibe en el suyo”. Concluyó su mensaje invocando bendiciones para todas las familias de la diócesis.