“No existen hogares perfectos, sino vínculos que buscan perfeccionarse acercando su corazón al de Dios y al ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret”, afirmó el sacerdote Miguel Ángel
Karla Cortez
LA PRENSA
Villa de Palaú, Coahuila. – La familia es un núcleo que se construye día a día y requiere de fe, convivencia y ejercicio responsable de la autoridad, afirmó el sacerdote Miguel Ángel Orzua González, párroco de la Iglesia de Guadalupe en Villa de Palaú.
Durante una charla dirigida a la comunidad local, Orzua González destacó que la llegada de Jesús al mundo, frágil y rodeado de su familia en Belén, dignificó la vida familiar y estableció un modelo de convivencia basado en el amor y el respeto mutuo. “No existen familias perfectas, sino familias que buscan perfeccionarse acercando su corazón al de Dios y al ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret”, señaló.
El párroco explicó que la vida familiar se sostiene sobre tres pilares fundamentales que deben cultivarse con cuidado. El primero es la Eucaristía, donde las familias reciben alimento espiritual que fortalece la fe y la unidad. El segundo es la mesa familiar, un espacio para compartir alimentos, fomentar la comunicación y profundizar los lazos afectivos, evitando distracciones que podrían generar distanciamiento entre los miembros del hogar. El tercero, el lecho nupcial, representa la expresión del amor matrimonial y la apertura a la vida, reflejando en los hijos el amor de Dios.
En su intervención, Orzua González resaltó que la labor de los padres trasciende la provisión de sustento material, abarcando también la alimentación espiritual de los hijos. Advirtió que la autoridad dentro del hogar, conferida por Dios a ambos padres, debe ejercerse con amor y consistencia, evitando que los hijos impongan decisiones por caprichos. Subrayó que educar con firmeza y cariño permite formar personas íntegramente desarrolladas y fundamentadas en valores cristianos.
El sacerdote concluyó recordando la responsabilidad de honrar y acompañar a los padres, especialmente en la vejez, como un acto que garantiza bendición y estabilidad para toda la familia. “Cuidar a quienes nos dieron la vida es un compromiso que refuerza la armonía familiar y mantiene viva la herencia espiritual de cada hogar”, señaló.