Especialista venezolano radicado en Saltillo analiza implicaciones políticas, jurídicas y regionales del operativo estadounidense
Liz de la Fuente
LA PRENSA
SALTILLO, COAHUILA.- La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores, tras un operativo encabezado por Estados Unidos en territorio de Venezuela durante la madrugada de este 3 de enero, ha generado un intenso debate político internacional y, al mismo tiempo, una oleada de reacciones profundamente humanas que se sienten con fuerza en Saltillo, ciudad donde residen voces clave que hoy interpretan y viven a distancia uno de los episodios más tensos para el país sudamericano en las últimas décadas.
Desde esta capital coahuilense, el doctor Juan Carlos Centeno Maldonado, especialista en política pública, originario de Venezuela y avecindado en Saltillo, ofreció un análisis que se aparta de la narrativa oficial estadounidense y coloca el foco en lo que, a su juicio, se intenta suavizar desde el discurso político. Para el académico, más allá de los términos empleados por Washington —como “operación militar” o “bombardeo”—, lo ocurrido constituye una intervención directa en la soberanía venezolana.
En entrevista, Centeno explicó que la elección cuidadosa del lenguaje no es fortuita. Evitar la palabra “intervención”, dijo, responde al peso histórico que ese concepto arrastra en América Latina, una región marcada por episodios de injerencia militar extranjera, siendo Panamá en la década de los ochenta el último referente de gran escala. Sin embargo, subrayó que el cambio semántico no modifica la naturaleza de los hechos.
Desde su lectura del escenario interno venezolano, el especialista señaló que el chavismo rechaza de forma categórica esa interpretación, aunque consideró que su respaldo social real es limitado y ronda apenas el 20 por ciento de la población. En contraste, afirmó que una mayoría opositora terminó asumiendo que cualquier acción internacional, incluso con altos costos, resultaba preferible a la continuidad de las condiciones políticas, económicas y sociales que han prevalecido durante los últimos 25 años.
Centeno contextualizó esta postura recordando que, a su entender, en Venezuela se agotaron desde hace tiempo las vías institucionales para una transición democrática. Como ejemplo, mencionó las elecciones presidenciales de julio de 2024, en las que la oposición —según su análisis— obtuvo una victoria amplia, cercana al 70 por ciento, sin que ello se tradujera en un cambio efectivo de gobierno, pese a las protestas, la presión interna y los pronunciamientos de organismos internacionales. Para el académico, ese episodio confirmó la existencia de un sistema hegemónico, de corte dictatorial, con control sobre las fuerzas armadas y sin margen real para la alternancia.
En ese escenario, sostuvo, la intervención extranjera terminó siendo vista por amplios sectores como la única salida posible, una situación que comparó con el prolongado estancamiento político de Cuba. Añadió que Estados Unidos llevaba al menos nueve años sin reconocer a Maduro como presidente legítimo, sin importar si el poder estaba en manos de republicanos o demócratas, lo que, a su juicio, revela una estrategia de espera prolongada que finalmente desembocó en la acción militar.
El análisis político desde Saltillo se entrelaza con testimonios cargados de emoción y angustia. Darmys Tahis Tejado Espinosa, venezolana radicada en esta ciudad, relató la mezcla de alivio, incredulidad y temor que ha marcado las horas posteriores al operativo, a partir de los mensajes de voz que ha recibido de familiares que viven en Caracas y en zonas cercanas a donde se desarrollaron los hechos.
De acuerdo con su testimonio, aunque sus seres queridos se encuentran a salvo, varios permanecieron incomunicados durante horas debido a cortes en el suministro eléctrico, falta de agua y fallas en la señal telefónica. “Mi familia está bien, pero algunos están incomunicados, sin agua y sin luz”, compartió. Aun así, describió un sentimiento generalizado de sorpresa y alegría contenida. “Todos felices, nunca pensé que este día llegaría”, expresó.
Los audios enviados desde Venezuela dan cuenta del miedo vivido durante los bombardeos y de una incertidumbre que persiste. En uno de ellos, un familiar relata que el teléfono permaneció descargado durante horas por la falta de energía eléctrica y que el contacto solo fue posible cuando la luz regresó de manera intermitente. En ese mismo mensaje, se describe el impacto emocional de los ataques y el temor que se apoderó de la población durante la madrugada.
La preocupación, explicó Darmys, no se limita a las condiciones materiales. En algunos mensajes se menciona la imposibilidad de localizar a todos los integrantes de la familia en el mismo momento, lo que incrementó la tensión entre quienes intentaban mantenerse comunicados desde el extranjero. A ello se suma el miedo a posibles represalias y a la actuación de grupos armados conocidos como colectivos, lo que ha llevado a muchas familias a resguardarse en sus viviendas.
“Este es nuestro miedo ahorita con nuestra familia, por los grupos armados, por eso invitamos a permanecer en casa”, relató, al explicar que en varias zonas se activó una especie de defensa civil, mientras la población espera conocer cómo evolucionará la situación en las próximas horas.
Aunque para muchos ciudadanos la captura de Maduro representa un hecho histórico que abre la puerta a un eventual cambio político, la realidad que describen desde Caracas es la de un país suspendido entre la esperanza y el temor. Desde Saltillo, tanto el análisis académico como los testimonios familiares coinciden en un punto: el impacto de lo ocurrido trasciende fronteras y se siente con fuerza en las comunidades venezolanas que, aun a miles de kilómetros, siguen viviendo cada sacudida de su país de origen como si estuvieran ahí.