Seis décadas de vocación al servicio del bienestar de los ramosarizpenses; su nombre permanece en la memoria de generaciones enteras que crecieron bajo su cuidado
Por: José Moreno
LA PRENSA
RAMOS ARIZPE, COAHUILA.- Con cerca de 60 años dedicados a la enfermería, Petra Rodríguez Gámez es una de esas figuras que forman parte silenciosa de la historia de la salud pública en Ramos Arizpe. Su nombre permanece en la memoria de generaciones enteras que crecieron bajo su cuidado, especialmente durante los años en los que la vacunación casa por casa era una labor fundamental para prevenir enfermedades.
Durante la década de los sesenta, Petra trabajó en el Centro de Salud del municipio, asignada al área de vacunación. Su trabajo no se limitaba a esperar pacientes: recorría colonias y comunidades, tocaba puertas y, como ella misma recuerda, “andaba detrás de los niños para que no se escaparan”. Hoy, muchos de esos pequeños son adultos que aún la recuerdan —algunos incluso confiesan que le tenían miedo—, pero reconocen que gracias a su insistencia hoy gozan de buena salud.
Su vocación no fue inmediata. Inicialmente, Petra soñaba con ser maestra, pero por cuestiones económicas no pudo continuar sus estudios más allá de la secundaria. Fue entonces cuando el alcalde en turno de Ramos Arizpe notó que ya no asistía a la escuela y decidió apoyarla, enviándola como interna a Arteaga, donde se formó junto a una joven de cada municipio.
Ahí recibió una capacitación integral enfocada en la atención del medio rural, aprendiendo a trabajar con los recursos disponibles en cada comunidad, con especial énfasis en primeros auxilios y atención básica. El programa estaba patrocinado por la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia. Sin embargo, aquel proyecto no tuvo seguimiento, y muchas de las jóvenes formadas quedaron sin una plaza formal.
Petra decidió continuar su camino por cuenta propia y se trasladó a Monterrey, donde comenzó a trabajar en la Cruz Verde. Con los conocimientos que llevaba y la experiencia adquirida en el campo, encontró ahí un espacio amplio para seguir aprendiendo y fortaleciendo su práctica profesional.
Años después, nuevamente fue llamada para integrarse al Centro de Salud, donde se encargó de llevar programas sociales y de salud a todas las comunidades del municipio, como la distribución de leche, harina y campañas preventivas.
Con la apertura del Hospital en 1974, volvió a recibir una invitación para integrarse al nuevo proyecto. Aunque en un inicio no pudo asistir a un curso de preparación en Monterrey por priorizar el cuidado de su hijo pequeño, finalmente fue seleccionada y se convirtió en la primera enfermera electa para formar parte del hospital.
Su trayectoria en esa institución se extendió por 27 años, desde el 20 de mayo de 1974 hasta el 13 de septiembre de 2001, tiempo en el que fue testigo de grandes cambios en la atención médica y en el rol de la enfermería.
Entre las muchas anécdotas que recuerda, destaca una época en la que las enfermeras realizaban labores que hoy resultan impensables: acudían directamente a los domicilios de personas que se negaban a realizarse detecciones oportunas, y ahí mismo, en sus camas, se les practicaban los estudios necesarios.
Al preguntarle por su mensaje para la comunidad, Petra responde con sencillez y emoción:
“Yo quiero mucho a Ramos. Aquí nací, es mi pueblo, y espero que me sigan recordando como hasta ahora lo hace mucha gente”.
Su historia es reflejo de una generación de trabajadoras de la salud que, con compromiso y vocación, dejaron una huella profunda en la vida de Ramos Arizpe.