“Chávez y Nicolás llevaron al país a la pobreza extrema”
Migrantes que escaparon hace dos años de la miseria y la violencia, vivieron 3 meses en el albergue de la parroquia Verbo Encarnado de Frontera
Por Iván Villarreal
La Prensa
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, seguida de su traslado a Nueva York donde se declaró no culpable de cargos como narcoterrorismo y tráfico de drogas, ha desatado olas de emoción entre los venezolanos exiliados. En México, particularmente en Coahuila, migrantes que escaparon hace 2 años de la pobreza extrema y la represión celebran lo que llaman una “liberación”. Entre ellos destacan Carlos León y Vivida Camacho, quienes pasaron tres meses en la Parroquia del Verbo Encarnado durante su peligroso viaje hacia Estados Unidos.
SE RECUPERARON EN REGIÓN CENTRO
Carlos León y Vivida Camacho junto a su hija, formaron parte de las familias venezolanas que llegaron exhaustas a la Casa del Migrante asociada a la Parroquia del Verbo Encarnado en Frontera-Coahuila. Según relatos compartidos en entrevistas, permanecieron alrededor de tres meses en el albergue, recuperándose de las penurias del trayecto y de las heridas acumuladas por el viaje a pie y en condiciones precarias.
El padre Paulo Sánchez, párroco de la Parroquia del Verbo Encarnado y responsable de la asistencia a migrantes, ha atendido a miles en los años pico de la crisis. “Familias completas llegaban y se quedaban semanas o meses mientras se alivianaban de heridas o agotamiento antes de continuar su ruta”, explicó. Aunque no detalló casos específicos, confirmó que muchas familias venezolanas completas pasaron periodos prolongados en el lugar durante la ola migratoria intensa hace unos años.
Para Carlos y Viviana, este tiempo en la parroquia representó un respiro vital en su huida de Venezuela rumbo a Estados Unidos, un sueño que finalmente ajustaron al establecerse en México.
“ERA ALGO TERRIBLE”
Carlos León y Viviana Camacho narran con crudeza las razones que las obligaron a abandonar Venezuela. “La experiencia que nosotros vivimos cuando salimos de nuestro país fue algo terrible”, relató Carlos. Describen una pobreza extrema bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro: “Empezaron a gastar y perdieron toda la riqueza que tenía Venezuela, llevaron al país a un caos de pobreza extrema”.
Agregan el clima de represión y violencia: “Si uno estaba en Venezuela y tú hablabas algo en contra del país, venía y te castigaban, te metían preso. No tenías derecho de hablar nada en contra del gobierno”. Mencionan que, históricamente, cuando Estados Unidos administraba el petróleo venezolano (en décadas pasadas), “todo el venezolano vivía tranquilo, feliz, en libertad”.
Vivida Camacho, en testimonio separado, enfatiza el miedo constante: una Venezuela sin derechos de expresión, donde emigrar era la única opción para “seguir adelante”. Dejaron atrás familiares, y Vivida no pudo siquiera enterrar a su padre.
“LOS PRO-MADURO
NO SON VENEZOLANOS”
Para estas migrantes, la operación estadounidense que capturó a Maduro y su esposa Cilia Flores no es una “invasión”, sino una “liberación”. Carlo afirma: “Hoy en día no sentimos que fue una invasión. Fue una libertad que nos está dando el presidente Trump con ese arresto”. Calcula que “un 80% de venezolanos que están fuera del país están todos alegres, contentos por esa caída”.
Critican las protestas en México contra la acción de EE.UU.: “El que no vivió en carne viva lo que ha pasado en Venezuela no sabe qué es lo que están peleando. Se dejan llevar por cuentos”. Observan que muchos manifestantes pro-Maduro en el extranjero “ni siquiera son venezolanos” y no comprenden los 26 años de chavismo.
Vivida expresa euforia: “Me siento muy alegre porque veo que sí hay una libertad. Gracias a Dios, siento que Venezuela va a ser libre, con derechos de expresión, sin miedo. Le agradecemos a Trump por darnos ese regalo tan hermoso que es sacar a ese señor del gobierno”.
Ambos mencionan el alivio parcial por sus familias en Venezuela, aunque persisten restricciones: “No podemos comunicarnos libremente ni hablar mal del gobierno, porque perjudicamos a nuestras familias allá”. Sin embargo, ahora “respiramos un poquito más” y sueñan con retornar: “Algún día voy a abrazar a mi familia en mi casa”.
ESPEERANZA EN EL FUTURO
Mientras Maduro enfrenta juicio en Nueva York —con próxima audiencia en marzo— y Delcy Rodríguez asume interinamente en Caracas, estas venezolanas en México ven un horizonte de cambio. Su paso por la Parroquia del Verbo Encarnado simboliza la solidaridad recibida en el exilio, y ahora, la captura de quien consideran responsable de su sufrimiento les devuelve la esperanza de una Venezuela “libre, libre, libre”.