Casi dos mil niños asesinados en 2025 y las desapariciones se disparan sin control
Por Staff/Agencias
La Prensa
MÉXICO.- México concluyó 2025 con una deuda profunda y dolorosa con su infancia. Casi dos mil niñas y niños perdieron la vida de forma violenta en el país, mientras que la desaparición de menores registró un incremento superior al 30 por ciento, una realidad que refleja no solo el avance de la violencia, sino también las grietas persistentes en los sistemas de protección y cuidado.
Detrás de cada cifra hay una historia interrumpida, una familia marcada para siempre y comunidades que aprenden a convivir con el miedo. La niñez, que debería ser sinónimo de futuro y esperanza, continúa atrapada en contextos donde la violencia criminal, la desintegración familiar y la ausencia institucional se cruzan sin contención efectiva.
El aumento de asesinatos y desapariciones de menores revela un problema estructural que va más allá de operativos de seguridad o discursos oficiales. Especialistas advierten que muchos de estos casos están relacionados con entornos de violencia doméstica, abandono social, reclutamiento por grupos delictivos y fallas graves en la detección temprana de riesgos. Cuando el Estado llega, suele hacerlo tarde.
Particularmente preocupante es el crecimiento de las desapariciones. Cada reporte no atendido con urgencia, cada hora perdida, reduce las posibilidades de localización y profundiza la desconfianza de las familias hacia las autoridades. La normalización de estas ausencias es una de las señales más claras de que el sistema de protección a la infancia no está funcionando como debería.
Hablar de estos datos no es un ejercicio estadístico ni un recurso mediático. Es un llamado a colocar a la niñez en el centro de las decisiones públicas, a fortalecer la prevención, la atención a víctimas y la coordinación entre instituciones, y a reconocer que ningún proyecto de país puede sostenerse si no es capaz de proteger a quienes representan su porvenir.
Mientras no se traduzcan las promesas en políticas integrales y acciones sostenidas, la infancia seguirá siendo una de las víctimas silenciosas de la violencia. Y ese silencio, tarde o temprano, termina cobrando un costo social mucho más alto.