CRÓNICA DE UNA TRADICIÓN NACIDA EN PARRAS
El evento creado en 2005 por José Guadalupe Chavira Rodríguez se mantiene vivo como un símbolo de hermandad biker y arraigo, atrayendo cada año a miles de motociclistas.
Por: Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – Lo que comenzó en 2005 como una modesta reunión de apenas 300 bikers en el Pueblo Mágico de Parras, hoy se ha transformado en un fenómeno de alcance nacional. Aquel encuentro nacido de la amistad cuenta ahora con la presencia de miles de motociclistas de todo México y del sur de los Estados Unidos, posicionando a este rincón de Coahuila como la capital del motociclismo en el norte del país durante cada mes de enero.
EL ORIGEN: UNA VISIÓN CONTRA LA CORRIENTE
La historia de este evento no se entiende sin la figura de José Guadalupe Chavira Rodríguez, un entusiasta que detectó una carencia geográfica: mientras el centro y sur del país disfrutaban de grandes concentraciones, el norte permanecía huérfano de un evento con identidad propia.
Según relata Bernardo López García, presidente de la OCV de Parras, Chavira no solo buscaba una rodada, sino un espacio que promoviera la convivencia y, sobre todo, la seguridad vial.
Con el apoyo de figuras clave como Jesús Martínez, se decidió que la ubicación estratégica y la atmósfera colonial de Parras eran el escenario perfecto.
En aquella primera edición de 2005, el ambiente era íntimo; un grupo de clubes regionales, liderados por pioneros como el moto club lagunero “Alas de Acero”, se reunió para encomendar su camino a la divinidad, marcando el inicio de lo que se convertiría en una tradición institucional.
LOS AÑOS DORADOS EN CASA MADERO
Durante década y media, la emblemática Casa Madero fungió como el santuario de la comunidad. Quienes asistieron a esos primeros encuentros recuerdan con nostalgia la mística de la ceremonia: el sacerdote Víctor Verdín, SJ, caminaba entre las motocicletas estacionadas en la explanada, bendiciendo de manera personalizada a cada piloto y su equipo. Esa cercanía, documentada en fotografías que hoy son tesoros históricos, forjó un vínculo emocional entre los bikers y el municipio.
Sin embargo, el éxito fue tal que la capacidad del recinto fue rebasada. Lo que empezó con cientos pronto se convirtió en miles, obligando a la organización a buscar espacios más amplios sin sacrificar el eje central del evento: la fe y el compromiso de conducir con responsabilidad.
EL LEGADO DE ‘LUPE’ CHAVIRA Y LA PRUEBA DE LA PANDEMIA
La Bendición de Cascos enfrentó su momento más amargo en 2021. Ese año, la pandemia de COVID-19 obligó a trasladar la edición número 16 al plano virtual. Pero el golpe más fuerte fue la partida física de su fundador, José Guadalupe Chavira Rodríguez, el 4 de febrero de ese mismo año. Su fallecimiento dejó un vacío profundo, pero su visión ya había echado raíces.
Hoy, el evento es considerado su legado vivo. Su filosofía de “hermandad y respeto a la vida” sigue presente en cada actividad, desde los desfiles masivos por las calles empedradas hasta los conciertos y rifas que ahora integran un programa de varios días de duración.
INTERNACIONALIZACIÓN Y EL RITUAL DEL BIKER CAÍDO
Con la llegada de la década de 2010, el evento rompió las fronteras estatales. Motoclubes de Jalisco, Querétaro, Ciudad de México y del sur de Estados Unidos comenzaron a marcar a Parras como un destino obligatorio en sus calendarios. Para dar cabida a esta nueva realidad, la sede se trasladó a la Unidad Deportiva Francisco I. Madero, un espacio que permite albergar de forma segura a los más de 10 mil asistentes actuales.
Uno de los momentos más conmovedores que se integraron con el tiempo es la Ceremonia del Biker Caído. En torno a una fogata central, la algarabía de los motores se apaga para dar paso al silencio y la reflexión. Es el momento en que la comunidad comparte el duelo por los compañeros que perdieron la vida en carretera, reforzando el mensaje de que el casco no es solo un accesorio, sino un seguro de vida.
UN MOTOR PARA LA ECONOMÍA REGIONAL
El impacto de esta “marea de acero” es innegable. Durante el fin de semana del evento, Parras registra una ocupación hotelera del 100%. Desde los hoteles boutique hasta los pequeños comercios de dulces regionales y restaurantes, todos se ven beneficiados por la derrama económica de un turismo carretero que es fiel y constante.
A más de dos décadas de su nacimiento, la Bendición de Cascos ha demostrado que la pasión por las dos ruedas puede mover montañas y fronteras. Lo que inició con 300 soñadores es hoy una de las tradiciones más potentes de Coahuila, donde la fe y el asfalto se unen para recordar que, en la carretera de la vida, nadie viaja solo.