Rubén Moreira Valdez
Hace unos días, una connotada integrante de esa secta denominada Morena, que igual arremete contra España que contra aquellos que osan tener más de un par de zapatos, planteó subir a la picota a quienes financiaron un peligroso libro de carácter jurídico.
Eso de censurar libros o achicharrarlos no es cosa nueva y mucho menos idea de Morena. De hecho, pocas cosas se les ocurren a nuestros aprendices de fachos bananeros. Hay una larga lista de atentados contra ese peligroso objeto llamado libro. Los pirómanos no discriminan, e igual la agarran contra textos de San Carlos Marx que contra los inspirados por el Dios de Abraham.
Para quienes se escandalizan por el Manifiesto del Partido Comunista y no les molestaría que sus ejemplares nuevos o usados fueran llevados a los 451 grados Fahrenheit, les comento que, en eso de censurar y poner fuego a los libros, se acumula una buena lista de ellos. Van varios ejemplos: la Biblia, el Corán, Las aventuras de Tom Sawyer, La isla del tesoro, Utopía, Las aventuras de Huckleberry Finn y, por supuesto, Uncle Tom’s Cabin.
Resulta que a los morenistas les molestó un libro denominado La inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión. Ni tardos ni perezosos, criticaron a quienes lo publicaron: la Universidad Nacional Autónoma de México y, en particular, el Instituto de Investigaciones Jurídicas. Quieren saber el costo de la impresión y otras necedades.
El libro se compone de textos donde se discute, desde la perspectiva jurídico-electoral, la representación en las Cámaras de Diputados y Senadores, la misma que en la composición actual es desproporcionada e injusta para los electores. Entre los expertos que participaron en la edición se encuentran María Marvan Laborde, Jorge Alcocer, Diego Valadés, Jesús Orozco Henríquez, José Woldenberg, Morelos Canseco y Jacqueline Peschard.
La lectura de la obra es indispensable ahora que Morena quiere dar el último asalto a la joven democracia mexicana. Conozco a varios de los expertos que firman los textos y sé de su honestidad intelectual y su capacidad académica. Algunos de ellos, además, son reconocidos luchadores por la democracia, y su esfuerzo fue fundamental para consolidar la transición democrática.
No creo que los morenistas hayan dado lectura al texto; para la mayoría de ellos, esa práctica no es común. Sin embargo, alguien descubrió dos nombres que los pusieron como Drácula cuando amaneció fuera del catafalco. Lorenzo Córdova y Ciro Murayama son dos buenos mexicanos. Me he quejado de resoluciones que no me han gustado, pero nunca los he visto votar disparates y mucho menos rendirse ante el poder.
Felicito a la UNAM, al Instituto de Investigaciones Jurídicas y a todos los que participaron en el texto, en especial a Lorenzo y Ciro, por ser leales a su vocación democrática y académica.