UN RECORRIDO ENTRE ACIERTOS, RIESGOS Y APRENDIZAJES
El médico, fundador del Hospital de la Paz en Durango, habla con LA PRENSA sobre su retiro, su regreso a Monclova, la familia, la docencia, el COVID y la importancia de saber detenerse a tiempo
Por Iván Villarreal
La Prensa
A los 82 años, el doctor Homero Rivas Martínez ya no entra al quirófano, pero sigue plenamente activo en la medicina. Retirado de la cirugía directa por decisión propia, el médico repasa en entrevista con LA PRENSA su vida profesional, su regreso a Monclova, el peso de la familia, las luces y sombras de ser cirujano y la convicción de que el aprendizaje y la vocación no se jubilan
UN CIRUJANO EN RETIRO, PERO VIGENTE EN LA MEDICINA
El doctor Homero Rivas Martínez se encuentra en la etapa de retiro de la práctica quirúrgica directa. Hace dos años dejó de operar en el quirófano; sin embargo, su vínculo con la medicina permanece intacto.
“No opero ya, pero sigo inmerso en la cirugía porque tengo un hospital”, explica al referirse al Hospital de la Paz, ubicado en Durango, entidad donde ha desarrollado gran parte de su vida profesional.
Aunque ya no empuña el bisturí, continúa estudiando y actualizándose en temas como inteligencia artificial y cirugía robótica, convencido de que el aprendizaje no tiene edad ni jubilación.
EL REGRESO A MONCLOVA: REENCUENTRO CON SUS RAÍCES
De visita en Monclova, ciudad donde nació y pasó su juventud, el doctor Rivas confiesa sentirse profundamente emocionado por reencontrarse con su familia.
“Muy contento de visitar a mis hermanos. Siempre me da gusto verlos. Luego me peleo con ellos, me voy enojado y regreso otra vez… somos una familia más o menos normal”, dice entre risas.
Aunque lleva 66 años viviendo en Durango —desde que se fue a los 16 años—, reconoce que sus orígenes siguen aquí, entre sus hermanos y sus recuerdos.
“Mi familia es la de Durango, pero mis raíces están aquí, con mis hermanos”, señala con nostalgia.
EL CAMINO QUE LO LLEVÓ A DURANGO
Su salida de Monclova no fue un acto de rebeldía ni de ambición desmedida, sino una necesidad académica. En aquel entonces, en la ciudad solo había preparatoria y no existía una facultad de medicina.
Cursó su primer año en Monclova, luego intentó ingresar a la Universidad Autónoma de Monterrey y más tarde continuó en Torreón. Sin embargo, problemas con la validación de su certificado retrasaron su ingreso a la escuela de medicina.
Cuando estuvo a punto de perder un año completo, un compañero le sugirió Durango, donde las clases comenzaban en febrero. Así, casi por azar, su destino quedó marcado.
“Fui a dar a Durango y hasta la fecha. Ese fue mi destino”, reflexiona.
LA VOCACIÓN MÉDICA: SIN MITOS NI REVELACIONES
El doctor Rivas desmonta la idea romántica de la “vocación predestinada”. Para él, elegir medicina no fue resultado de un sueño, una señal divina o una tragedia familiar.
En su época, las opciones profesionales eran limitadas: medicina, ingeniería, derecho y arquitectura. La ingeniería no le atraía por las matemáticas, por lo que la medicina se presentó como la opción más viable.
“Hablar de vocaciones es muy difícil. Cuando ya estás dentro de la carrera, conoces la realidad”, afirma con sinceridad.
UNA FAMILIA MARCADA POR LA MEDICINA Y EL TALENTO
El legado del doctor también se refleja en sus hijos:
Homero Rivas, cirujano de alto nivel con experiencia en Estados Unidos, Europa y Australia, y actualmente jefe de cirugía en Dubái; René Rivas, ginecólogo y padre de cuatro hijos; Jorge Rivas, quien inició la carrera de medicina, luego estudió arquitectura y finalmente destacó en la fotografía; y María Paz Rivas, madre de dos hijos, uno de ellos estudiante de cinematografía en la UDEM, en Monterrey.
Además, es abuelo de siete nietos, algunos con múltiples nacionalidades debido a la trayectoria internacional de su familia.
LA EXPERIENCIA QUE MARCÓ SU CARRERA
Entre innumerables vivencias médicas, hay una que nunca olvidará: su primera cesárea en 1969, cuando aún era médico interno.
Un cirujano le entregó el bisturí y le dijo: “Llégale, tú la vas a hacer”. Nervioso, dudó al principio, pero con la guía de su mentor logró completar gran parte del procedimiento.
“Fue un regalo que me dio el doctor Condo y la vida… o Dios. Jamás lo voy a olvidar”, recuerda con emoción.
MAESTRO, MÉDICO Y ETERNO ESTUDIANTE
Durante 40 años fue profesor universitario, principalmente en cirugía. Aun retirado, mantiene el hábito del estudio diario.
“He vivido feliz, sin sacrificio. No puedo decir que sufrí como otros estudiantes que pasaban hambre. Nosotros podíamos comer cada dos o tres días y no pasaba nada”, comenta con honestidad y humor.
LAS LUCES Y SOMBRAS DE SER CIRUJANO
El doctor Rivas no idealiza su profesión. Reconoce que puede ser extremadamente gratificante, pero también profundamente desgastante.
“Puedes tener 100 cirugías exitosas, pero con una que se complique… ahí te envejeces de golpe. Ahí piensas por qué elegiste ser médico”, admite.
En ocasiones aconseja a los jóvenes considerar carreras menos estresantes, aunque reconoce que la medicina fue su camino y no se arrepiente.
EL COVID: UN PARTEAGUAS EN SU VIDA
Hace tres o cuatro años, tras haber superado lo más crítico de la pandemia, enfermó gravemente de COVID-19. Como médico, el conocimiento de lo que podía ocurrir lo llenó de miedo.
Muchos de sus colegas y exalumnos fallecieron, y esa experiencia transformó su perspectiva.
“Ahí cambió mi manera de pensar. Me di cuenta de que muchas cosas no valían la pena. No es bueno vivir solo para trabajar”, admite.
EL RETIRO Y LA ACEPTACIÓN DEL TIEMPO
Aunque asegura conservar sus facultades mentales y su destreza manual, reconoce que la edad es implacable.
“No es lo mismo un automóvil de 1945 que uno de 2025. Así somos nosotros también”, compara. Por ello decidió retirarse del quirófano, no por incapacidad, sino por responsabilidad.
SU DEFINICIÓN DEL ÉXITO: MÁS ALLÁ DEL DINERO
Para el doctor Rivas, el verdadero éxito no está en lo económico ni en los bienes materiales.
“El tesoro que yo tengo no es mi hospital ni lo que tenga en el banco. El tesoro es mi familia”.
También aconseja a los jóvenes que, cualquiera que sea su profesión, la ejerzan con pasión, honestidad y excelencia.
“Si vas a ser reportero, sé el mejor. Si vas a hacer pasteles, sé el mejor. Si vas a ser boxeador, sé el mejor. Pero nunca pierdas la brújula de la honestidad”.