El comerciante de pescado, quien vio la mejor época de AHMSA con ventas récord, sigue atendiendo su puesto en la Prolongación Juárez con Morelos
Por Wendy Riojas
LA PRENSA
Desde hace 40 años, Francisco Javier Fierros, comerciante de pescado, mejor conocido como “el fiel” se mantiene fiel y firme en la Avenida prolongación Juárez con Morelos, en la colonia La Loma, frente a la Puerta 3 de Altos Hornos de México (AHMSA).
Hoy, a cuatro décadas de trayectoria, continúa en el mismo sitio, aunque el panorama es distinto. La paralización de la empresa ha impactado de manera directa su economía y sus ventas han bajado un 80 por ciento a pesar de que es temporada de cuaresma.
Durante el apogeo de AHMSA, el comerciante debía instalarse desde las cinco de la mañana para atender a los trabajadores que entraban o salían de turno. “Se llenaban los estacionamientos, era un caos para cruzar la calle. Llegaban trabajadores que salían de turno y los que entraban para hacerlo adentro”, recuerda.
Su principal clientela eran empleados activos de la siderúrgica, sin embargo, AHMSA el freno de operaciones de la empresa, las ventas cayeron hasta en un 80 por ciento y ahora solo lo visitan algunos pensionados de AHMSA cada mes.
“Ahora llego a las 10 o 10:30 de la mañana. Ya no es necesario estar tan temprano porque no hay movimiento. Antes me iba a las dos o tres de la tarde; hoy me quedo hasta las cuatro para ver si se vende algo más”, comenta.
El comerciante ofrece productos como mojarra, bagre, robalo, besugo, filete y lonja para ceviche. El pescado es traído por su hermano desde presas de la región como la Falcón y Don Martín. Aunque mantiene la misma cantidad de mercancía, reconoce que los ingresos ya no son los de antes.
“Cuando estaba trabajando la planta había para muchas cosas. Ahora apenas para sostener la comida”, señala. Los mejores días, explica, solían ser fines de semana o temporadas específicas como Cuaresma, cuando podía registrar ventas de hasta 12 mil pesos en un día.
A pesar de las dificultades, el vendedor se mantiene optimista y espera la reactivación de la acerera. “Primeramente Dios que el gobierno se ponga las pilas y eche a volar la planta, porque no sólo nos afecta a nosotros, sino a restaurantes y comerciantes de todo el centro”.
Mientras tanto, continúa firme en el sitio que ha sido su lugar de trabajo por 40 años. Algunos clientes lo llaman “el fiel”, por permanecer en el mismo punto pese a la adversidad. “Me han dicho que me cambie, pero no. Aquí me conoce la gente. Aquí empezamos y aquí seguimos”, concluye.