PASTA DE CONCHOS, UNA LUCHA QUE NO SE SUELTA
Con fe y perseverancia, Elvira Martínez Espinoza mantiene encendida la esperanza de que logren recuperar el cuerpo de su esposa Jorge que aún se encuentra atrapado en la mina
Por: Roberto Ulíbarri
LA PRENSA
PALAÚ, COAHUILA. – En los hogares de las familias de los trabajadores atrapados en la Mina 8, en los que la espera suma más de 20 años, cada noticia desde el interior de Pasta de Conchos se recibe con el corazón en vilo. Para Elvira Martínez Espinoza, esposa de Jorge Bladimir Muñoz uno de los mineros que aún permanecen atrapados en el corazón del desarrollo carbonero, la reciente identificación de dos trabajadores representa alegría y, al mismo tiempo, una renovada esperanza.
“Cada hallazgo es como cuando encuentras un gran tesoro”, dice. “Te genera una gran alegría por la familia que va a recibir ya los restos de su ser querido y también esperanza de que todavía puede ser posible que nosotros los podamos recuperar”.
El pasado 25 de febrero, a escasos seis días del vigésimo aniversario de la tragedia de Pasta de Conchos, autoridades responsables del rescate de los restos de los trabajadores atrapados confirmaron la identificación de José Isabel Minjarez Yáñez y de Ricardo Hernández Rocha, con lo que suman 25 los trabajadores recuperados de los 63 que permanecían pendientes tras aquel fatídico 19 de febrero del 2006. Aún faltan 38 por localizar.
Elvira conoce de cerca a las familias de los mineros identificados. Habla de Martín Hernández Rocha, (hermano de Ricardo) como un hombre constante, siempre presente en reuniones y trabajos de seguimiento. De la esposa de José Isabel, dice que es una amiga de años, originaria de Palau. “Estoy contentísima por ella”, expresa.
DOS DÉCADAS DE TOCAR PUERTAS
La resistencia no ha sido sencilla. “Siempre hemos tratado de buscar una puerta donde tocar”, explica. Primero acudieron a instancias federales, después a la Presidencia, luego a organismos internacionales.
“Hubo un momento en que se acabaron las puertas dentro del Estado mexicano y todo era un no. Después vino la queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Hemos tratado de agotar hasta lo último, siempre por la vía legal”.
Elvira reconoce que el reinicio formal de la búsqueda se dio cuando hubo voluntad política para hacerlo. Aun así, el camino ha tenido obstáculos: cambios de empresas, contratos cancelados y retrasos técnicos. “Se ha pasado de todo. No ha sido fácil estar al pendiente de los trabajos todos estos años”.
Hoy, los hallazgos se han concentrado en zonas donde los trabajadores se encontraban agrupados, lo que ha permitido recuperaciones más frecuentes. Sin embargo, aún faltan 38 mineros por localizar.
“LA ESPERANZA NUNCA LA PIERDO”
Cuando se le pregunta si mantiene la esperanza de recuperar a su esposo, responde sin titubeos:
“La esperanza nunca la pierdo. Yo nomás le pido a Dios que me dé la vida para poderlo ver”.
La frase no es retórica. Es una convicción. “Hay señoras que no han logrado eso”, agrega. Recuerda casos de familiares que murieron por enfermedad sin alcanzar el momento del reencuentro. “Es muy triste ver que familias se van sin poder”.
Por eso insiste en que su mayor petición no es otra que tiempo. “Yo le pido a Dios que ojalá me dé la vida para poderlo ver”, repite.
UNA LUCHA QUE NO SE SUELTA
Desde 2006, dos mineros fueron recuperados ese mismo año. En la actual etapa federal de rescate suman ya 25 identificados, 23 de ellos entregados a sus familias y dos en proceso de restitución digna.
Elvira sabe que el proceso aún es largo, sobre todo cuando las labores avancen hacia áreas donde los trabajadores quedaron dispersos. Pero no contempla rendirse.
“Ahora lo tenemos más cerca que nunca y no lo vamos a soltar”, afirma.
En la Región Carbonífera, la espera sigue. En cada casa donde falta un minero, la esperanza se sostiene como una lámpara encendida. Y para Elvira Martínez, esa luz no se apaga.