Entre baches, zanjas y fallas en la recolección de basura, habitantes denuncian abandono total del Gobierno Municipal
Por: María Rodríguez
LA PRENSA
NUEVA ROSITA, COAHUILA. – Nueva Rosita atraviesa días de una creciente y palpable inconformidad social. Las quejas en plataformas digitales se multiplican por minuto, señalando una ciudad asediada por baches, zanjas abiertas que permanecen en el olvido y obras públicas que, a decir de los vecinos, quedan inconclusas mientras la infraestructura urbana se deteriora aceleradamente.
Las críticas apuntan directamente a la gestión del alcalde Óscar Ríos Ramírez, a quien la ciudadanía le reclama una falta de resultados tangibles y la ausencia de respuestas efectivas ante la crisis de los servicios básicos.
“Estoy harta de que no pase la basura, de que no arreglen el drenaje y que las calles sean intransitables”, expresa una habitante en una publicación que se ha vuelto viral, reflejando un sentimiento colectivo de abandono.
Además del colapso vial, los residentes denuncian que la recolección de desechos es alarmantemente irregular, convirtiendo diversos sectores en focos de infección que ponen en riesgo a niños y adultos mayores. Asimismo, cuestionan los cobros adicionales que se pretenden aplicar cuando los propios ciudadanos optan por trasladar su basura ante la ineficiencia municipal.
El malestar se extiende al ámbito de la seguridad; mientras los problemas urbanos persisten, la ciudadanía reporta operativos policiales estrictos por documentación vehicular o faltas menores, lo que ha incrementado la percepción de una autoridad que prioriza la recaudación sobre el servicio. A este escenario se suman incidentes recientes que involucran a unidades oficiales y el aseguramiento de vehículos recreativos, hechos que han detonado exigencias de transparencia y responsabilidad institucional.
La exigencia ciudadana es elemental: calles transitables, servicios eficientes y un entorno digno. Hasta el momento, el Gobierno Municipal no ha emitido un posicionamiento contundente respecto a la ola de críticas. Nueva Rosita enfrenta hoy el reto de reparar su infraestructura, pero sobre todo, el de reconstruir una confianza ciudadana que parece estar al borde del quiebre.