Pese a las heridas, la pequeña de 7 años pide no culpar a “Pilo”; la familia enfrenta el doloroso dilema de dormir a su mascota
Fabiola Sánchez
LA PRENSA
FRONTERA, COAHUILA. – Con el corazón dividido entre el amor y la responsabilidad, la familia de Greisy Leticia Jiménez Castañeda enfrenta una de las decisiones más difíciles de su vida: despedirse de “Pilo”. El perro de raza Pastor Belga Malinois, que durante cinco años fue guardián y compañero esencial del hogar, hoy se encuentra bajo resguardo tras haber atacado a la menor el pasado viernes.
UNA RECUPERACIÓN MILAGROSA
Actualmente, Greisy se encuentra estable y bajo supervisión médica en el hospital Amparo Pape de Benavides. La pequeña fue intervenida quirúrgicamente tras sufrir heridas severas y un desprendimiento considerable de cuero cabelludo. La cirugía, que se prolongó por varias horas, requirió alrededor de 68 suturas para reconstruir la zona afectada.
A cuatro días del incidente ocurrido en la colonia Héroes de Nacozari, la evolución de la niña ha sido favorable. Aunque permanece hospitalizada para descartar infecciones y recibir tratamiento para el dolor, se mantiene consciente y tranquila. Según relató su madre, Alejandra Daniela Viana Castañeda Martínez, el único pesar de la pequeña es el aspecto emocional por estar lejos de sus hermanos.
EL PERDÓN DE UNA NIÑA
En un gesto de asombrosa madurez, Greisy ha enviado un mensaje de paz desde su cama de hospital: “Pilo no tuvo la culpa, él no es malo, lo perdono”. Estas palabras han marcado el proceso de reflexión de sus padres, quienes aseguran que cualquier determinación sobre el futuro del animal será dialogada con la niña.
UN HISTORIAL DE CUIDADOS Y LEALTAD
La familia recordó que “Pilo” siempre fue un perro protegido y querido. Desde cachorro requirió atenciones especiales; a un año de vida fue operado de una pata tras una fractura y logró sobrevivir al moquillo y al parvovirus tras 20 días de hospitalización. En total, la familia destinó más de 50 mil pesos en tratamientos veterinarios para garantizar su bienestar.
“Era un perro activo, acostumbrado a interactuar con adultos y niños, siempre protector”, detalló Alejandra. Por ello, el ataque —ocurrido cuando el perro ingresó a la casa como habitualmente lo hacía— dejó a todos consternados, pues no existían antecedentes de agresividad.
UN FINAL DOLOROSO
Hoy, la realidad de “Pilo” es distinta. Reportes médicos indican que el can se muestra apático, pasa la mayor parte del tiempo acostado, come poco y llora con frecuencia. Ante este escenario, la posibilidad de la eutanasia se vislumbra como una salida dolorosa pero responsable, marcada por un profundo proceso emocional de una familia que, pese al daño sufrido, no olvida los años de compañía de su fiel amigo.