YOSELIN: UNA VIDA COSECHADA ENTRE HONESTIDAD Y DISCIPLINA
La actual gerente administrativa de Casa Madero relata cómo la educación recibida en casa y el ejemplo de sus padres se convirtieron en la brújula para equilibrar el éxito profesional y el bienestar familiar.
Por: Lucero Velázquez
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – En el complejo y sofisticado engranaje que mueve a Casa Madero, la vinícola más emblemática del continente, la precisión no es solo una meta, sino una norma de vida. En el centro de esta operación se encuentra Yoselin Gutiérrez Vázquez, una mujer que ha sabido maridar la exigencia de la alta gerencia administrativa con la calidez de sus raíces parrenses. En este 8 de Marzo, su historia se erige como un testimonio de que el liderazgo femenino se construye con preparación, pero sobre todo, con una inquebrantable estructura de valores.
Una cosecha de once años en la cima
La trayectoria de Yoselin en Casa Madero es una crónica de crecimiento sostenido. Lo que comenzó hace once años como una labor de auditoría interna —una posición que demanda un ojo clínico y una ética a prueba de todo— evolucionó naturalmente gracias a su capacidad de gestión. Tras pasar por el departamento de Recursos Humanos, donde pulió su sensibilidad para el trato humano, asumió la Gerencia Administrativa.
Desde su trinchera profesional, Yoselin no solo maneja números y procesos; custodia el orden de una institución que es orgullo de Parras. “He tenido que confiar en mis propias capacidades para romper paradigmas“, reflexiona, consciente de que en industrias tan tradicionales, el liderazgo femenino aporta una visión de equilibrio necesaria para la modernidad.
El ADN del esfuerzo: Entre hilos y “pasteles de lodo”
La disciplina que hoy aplica en los balances corporativos nació mucho antes, entre los mostradores de la mercería familiar. Ahí, apoyando a su madre, Yoselin aprendió que cada hilo acomodado y cada cliente atendido con honestidad eran lecciones de administración básica. Hija de una educadora y de un trabajador de la CFE, su infancia en Parras estuvo marcada por la libertad de los juegos en el patio de los abuelos, preparando “pasteles de lodo” y corriendo cerca del pocito de la Orilla de Agua.
Esa niña que imaginaba ser maestra inspirada por su madre, se convirtió en una joven decidida que dejó su ciudad para estudiar en la Universidad Iberoamericana de Torreón. Gracias a una beca de excelencia, enfrentó el reto de la independencia, aprendiendo a gestionar recursos y a tomar decisiones que marcarían su destino.
La fortaleza descubierta en la ausencia
La vida de Yoselin no ha estado exenta de vientos fuertes. El fallecimiento de su padre, Francisco Javier, fue el punto de quiebre que puso a prueba sus cimientos. En ese momento de oscuridad, el ejemplo de su madre fue la luz: “Vi cómo enfrentó la pérdida con trabajo y amor; ahí descubrí una fortaleza en mí que no conocía”. Esa resiliencia es hoy su sello personal; entiende que las dificultades no son obstáculos, sino las maestras que revelan de qué estamos hechos.
El hogar: Su proyecto más vital
A pesar de las responsabilidades en la vinícola, para Yoselin el éxito tiene nombres propios: Miranda y Samantha, sus hijas. Junto a su esposo Rolando Rodríguez —a quien conoció en las filas de otra empresa emblemática, Dickies— ha formado un equipo de 15 años basado en el respeto mutuo.
Para ella, el mayor reto de la mujer moderna es ese “baile” constante entre el éxito profesional, el crecimiento personal y la formación de sus hijas bajo los mismos principios que ella recibió: honestidad e integridad.
Un mensaje de reflejos y realidades
A sus 37 años, Yoselin Gutiérrez disfruta de los días de lluvia y frío que abrazan a Parras, encontrando belleza en la naturaleza y paz en los libros que tanto ama. En este Día Internacional de la Mujer, su mensaje es contundente y necesario: “La mayor competencia es con uno mismo”. Su vida demuestra que cuando una mujer se valora y se respeta, es capaz de liderar tanto en la mesa directiva como en el corazón de su hogar.