Eduardo Quintana Ojeda tiene más de 40 años dedicado a este trabajo, que aprendió desde los 13 años
Por Wendy Riojas
LA PRENSA
En el marco del Día del Carpintero, que se celebra hoy 19 de marzo, la historia del monclovense Eduardo Quintana Ojeda refleja la esencia de un oficio que se aprende con las manos, la paciencia y las ganas de salir adelante.
Inició a los 13 años en el taller de carpintería de la Secundaria Técnica Número 29, pero su interés lo llevó más allá del aula: comenzó a colaborar en un pequeño taller ubicado a unas cuadras de su casa, donde dio sus primeros pasos en un oficio que, con el tiempo, se convertiría en su forma de vida.
Recuerda que en ocasiones recibía como ganancia cinco pesos por semana lo que consideraba poco. “Yo le decía a mi papá que ya no quería ir porque no me pagaban, pero él me decía que siguiera para aprender”, relata.
Con el paso del tiempo entendió que su padre tenía razón. “Nadie me enseñó más que la vida y la práctica. Aquí uno corta, se equivoca, echa a perder, pero ese mismo error sirve para otro trabajo. En la carpintería no se pierde nada y nunca se termina de aprender”, afirma.
A los 15 años, mientras cursaba la preparatoria, dio un paso decisivo al asociarse con un compañero para abrir su primer taller, el cual nombraron Carpintería Monclova, ubicado sobre el bulevar San José donde le cobraban una renta mensual de 60 pesos.
Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada por el esfuerzo constante. Tras independizarse y formar una familia, instaló su taller en distintos puntos de la ciudad, acumulando más de cuatro décadas de experiencia. Hoy, ya con 56 años, continúa trabajando desde su hogar, adaptándose a las nuevas condiciones de vida y del mercado.
El carpintero reconoce que el oficio ha cambiado con el tiempo. La llegada de materiales como el aluminio, la tabla roca y el MDF ha transformado la forma de fabricar muebles. Sin embargo, asegura que la madera sigue siendo insustituible para quienes buscan calidad y estética. “El que sabe, se inclina por la madera”, señala.
También destaca que la situación económica por la paralización de la empresa Altos Hornos de México ha impactado al gremio. Ya que se ha reducido la demanda de muebles hasta en un 50 por ciento. “Antes, cuando había utilidades, la gente hacía cocinas o clósets; ahora muchos ya no pueden costearlo”, explica.
A pesar de los retos, Quintana Ojeda mantiene viva la tradición y comparte su experiencia con nuevas generaciones, incluido su hijo, quien ha decidido continuar con el oficio familiar.
En este Día del Carpintero, su mensaje para quienes inician es claro: “La vida enseña. Si uno mueve las manos y trabaja, aprende y saca adelante a su familia. Pero si se queda cruzado de brazos, nada cambia”.
En su trayectoria recuerda a Don Carlos, propietario de la maderera mundiales, fue una de las figuras clave en la formación de varios carpinteros de la región. Junto a él, nombres como Isabel García Segura —quien fuera maestro del taller donde Quintana Ojeda dio sus primeros pasos— dejaron una huella importante en el oficio.
Aunque Isabel García Segura falleció hace aproximadamente una década, su legado continúa presente en quienes aprendieron de él. Asimismo, Jesús “Chuy” Berrones es recordado como otro de los carpinteros de experiencia de quienes varias generaciones adquirieron conocimientos.
Así, entre virutas, madera y herramientas, historias como la de Eduardo Quintana Ojeda recuerdan que la carpintería no solo construye muebles, sino también vidas enteras dedicadas al trabajo honesto.
Cabe mencionar que el Día del Carpintero se celebra cada 19 de marzo, coincidiendo con la festividad de San José, considerado el patrono de los carpinteros y obreros.
Esta fecha rinde homenaje a los trabajadores que transforman la madera en muebles y estructuras funcionales, reconociendo su paciencia, habilidad y dedicación.