Pese a las promesas de que el precio de la gasolina bajaría, hoy ocurre exactamente lo contrario: el combustible no deja de subir y golpea directamente el bolsillo de los mexicanos
Por: Iván Villarreal
La Prensa
En México, cargar gasolina se ha convertido en un lujo cada vez más difícil de sostener. Lo que en su momento fue una de las principales banderas políticas abaratar el costo del combustible hoy se exhibe como una de las promesas más incumplidas del actual régimen encabezado por Morena.
Durante años, el hoy expresidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que los precios de la gasolina no aumentarían e incluso podrían bajar. El discurso fue claro: acabar con los “gasolinazos” y proteger la economía de las familias. Sin embargo, la realidad ha tomado un rumbo completamente distinto.
Actualmente, en diversas regiones del país, el precio de la gasolina premium ya alcanza hasta los 30 pesos por litro, una cifra histórica que refleja un incremento sostenido y preocupante. Lejos de contenerse, el costo del combustible continúa al alza, afectando no solo a quienes utilizan vehículo, sino a toda la cadena económica: transporte, alimentos, servicios y productos básicos.
El impacto es directo y cotidiano. Cada aumento en la gasolina se traduce en mayor presión para las familias mexicanas, que ven cómo su dinero rinde menos. Lo que antes se prometía como un alivio, hoy se siente como una carga constante.
Este escenario deja en evidencia una contradicción profunda entre el discurso político y la realidad económica. Morena llegó al poder con la promesa de cambiar la política energética en beneficio de la gente; sin embargo, los hechos muestran que la gasolina no solo no bajó, sino que hoy alcanza niveles que antes se criticaban duramente.
La pregunta es inevitable: ¿dónde quedó la promesa? Porque mientras el discurso hablaba de bienestar, la realidad marca otra cosa: llenar el tanque hoy cuesta más que nunca.