El fenómeno, que expertos califican como un “hueco generacional”, está provocando una disminución sostenida en la matrícula escolar
María Rodríguez
LA PRENSA
SABINAS, COAHUILA.– Un cambio silencioso, pero contundente, comienza a sacudir las bases del sistema educativo: cada vez nacen menos niños y las consecuencias ya se sienten en las aulas, especialmente en el nivel preescolar.
El fenómeno, que expertos califican como un “hueco generacional”, está provocando una disminución sostenida en la matrícula escolar, encendiendo focos rojos en la planeación educativa y social del estado.
El coordinador general de la Coordinación General de Educación Normal y Actualización Docente, Rubén Barragán Páramo, advirtió que la situación ya es visible en distintos jardines de niños, donde la falta de alumnos comienza a ser una constante preocupante.
“El problema no es menor. Estamos viendo una reducción importante en la población infantil, lo que impactará no solo en la educación básica, sino en toda la estructura social”, alertó.
Detrás de esta tendencia hay un cambio profundo en las nuevas generaciones. Cada vez más parejas jóvenes optan por no tener hijos, priorizando estabilidad económica, desarrollo personal o estilos de vida distintos, donde incluso las mascotas —los llamados “perrhijos”— sustituyen la idea de formar una familia tradicional.
Este giro cultural, combinado con factores como la incertidumbre laboral y las condiciones económicas, está redefiniendo el panorama demográfico.
Las consecuencias ya no son una proyección futura: en algunas regiones del país como Durango, el impacto comienza a ser tangible, con docentes que han sido dados de baja debido a la falta de estudiantes, aun sin alcanzar antigüedad suficiente para su jubilación.
Especialistas advierten que, de no atenderse, el efecto será en cadena: menos alumnos en preescolar derivarán en menor matrícula en primaria y secundaria, hasta impactar directamente en la población económicamente activa en los próximos años.
Más allá de las aulas, el descenso en la natalidad plantea un reto mayúsculo para las políticas públicas, la economía y el equilibrio social.
Coahuila enfrenta así un desafío silencioso, pero de alto impacto: una generación que no nace hoy podría convertirse mañana en un vacío difícil de llenar.