A 400,000 km de distancia, la tripulación de la Orion replica la icónica foto del Apolo 8; la Tierra aparece como una joya frágil sobre un horizonte lunar “marrón y mate”, recordando la insignificancia de las fronteras en medio de las crisis bélicas que sacuden al planeta este abril de 2026
Por Staff/El Mundo
La Prensa
EU.- En diciembre de 1968, mientras el Apolo 8 orbitaba la Luna, el astronauta William Anders tomó una fotografía que acabaría siendo más poderosa que cualquier discurso: la Earthrise, la Tierra asomando sobre el horizonte lunar. Más de medio siglo después, Artemis 2 toma el testigo, con la Tierra amaneciendo de nuevo desde la cara oculta de la Luna.
La imagen de Anders llegó a un planeta convulso. EEUU vivía uno de sus años más violentos con los asesinatos de Martin Luther King Jr. y Robert F. Kennedy, disturbios raciales en decenas de ciudades y una sociedad desgarrada por la guerra de Vietnam. La de Artemis 2, también. Con el presidente Donald Trump librando una guerra abierta contra Irán que amenaza con extenderse por Oriente Próximo, otra en Ucrania, y una fisura en Europa que ha puesto a prueba la cohesión de la OTAN.
La fotografía de Anders funcionó como pausa moral. Y ahora, a 400.000 kilómetros de la Tierra, volvemos a recordar que ninguna línea marca el Donbás, las derechas, las izquierdas o las razas. Solo una canica azul flotando en la oscuridad, mientras se libran discusiones microscópicas. Quizá por eso, aquella fotografía de los 60, como la que se tomó a las 00.41 del martes en España desde una ventana de la nave espacial Orión, nos resultan evocadoras a la vez que incómodas.
El Apolo 8 orbitó la Luna 10 veces y, en una de esas, Anders captó el azul brillante de la Tierra recortándose sobre la inmensa oscuridad del espacio, intensificado por el horizonte desolado y monocromático de la Luna en primer plano: «Recorrimos todo este camino para explorar la Luna, y lo más importante es que descubrimos la Tierra», declaró Anders a su regreso.
Cuando el Apolo 8 estaba saliendo de la cara oculta de la Luna, la tripulación no esperaba ver la Tierra aparecer sobre el horizonte, y no como ahora, que muchos meses antes del despegue ya se sabía hasta la hora exacta en que ocurriría. En ese momento, el módulo estaba orientado de tal forma que el planeta no era visible desde las ventanillas principales. Entonces, Anders miró por una de las ventanillas laterales y vio la Tierra elevándose sobre el horizonte gris de la Luna. Fue algo inesperado, confesarían. El astronauta pidió rápidamente una cámara. Primero tomó una foto en blanco y negro, pero enseguida pidió un carrete en color mientras su compañero Jim Lovell le ayudaba a cambiar el objetivo y el rollo. En las grabaciones de audio de la misión incluso se oye la sorpresa y cierta prisa entre los astronautas antes de que la nave siguiera rotando y el planeta desapareciera de la ventanilla.
En la foto de Artemis 2, de nuevo una Tierra azul tenue, con brillantes nubes blancas arremolinadas sobre Australia y Oceanía, se pone tras una superficie lunar craterizada, que lo mismo recuerda a la estrella de la muerte, que a una descomunal pista de tenis de tierra batida tras una cruenta batalla.
«Nuestros astronautas han traído imágenes tan exquisitas y repletas de ciencia que inspirarán a las generaciones venideras», aseguró la doctora Nicky Fox, de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA.
La tripulación compartió ayer en directo sus recuerdos «mientras están frescos», informó la NASA, sobre su paso por la Luna. Los astronautas documentaron cráteres de impacto, antiguos flujos de lava y fracturas superficiales que ayudarán a los científicos a estudiar su evolución geológica. También monitorearon diferencias de color, brillo y textura en el terreno. E informaron de seis destellos de meteoros impactando sobre la superficie oscurecida. Seis horas de fotografías de secciones de la Luna y espectáculos visuales jamás observados por el ojo humano.
Christina Koch, especialista de misión de la NASA, dijo haber visto polvo lunar elevado, es decir, finas partículas de regolito, el material que cubre la Luna, y que se levantan de la superficie y flotan por fuerzas electrostáticas. Ella y el piloto de la misión, Victor Glover, también señalaron que, después de pasar por detrás de la cara oculta, observaron el brillo de la Tierra impactando en las ventanas de la nave. «Era tan brillante, tan brillante, que se veía fuera de lugar», mientras que «el color gris de la Luna y el negro del espacio parecían combinar juntos», relató Glover.
Koch también dijo que la Luna se convirtió «en una esponja de luz» que «se encendió cuando la Tierra se acercó lo suficiente» al campo de visión de la nave.
Los astronautas encontraron en su viaje que el satélite no es tan gris como parece, sino también puede ser «marrón y mate». «Hice algunas correlaciones y mencioné que era como ver el Gran Cañón, donde puedes ver diferentes capas», narró Glover.
Entre las imágenes también se encuentra la de un espectacular eclipse solar. Desde la perspectiva de la tripulación, hubo un momento en que la Luna se hizo lo suficientemente grande como para bloquear el Sol, creando 54 minutos de eclipse total. La corona formó un halo brillante alrededor del disco lunar oscuro, revelando detalles de la atmósfera exterior que normalmente quedan ocultos por su brillo. Este punto de vista único proporcionó una imagen impactante, pero sobre todo una valiosa oportunidad para que los astronautas inspeccionaran la corona, protegidos por unas gafas especiales para eclipses.
En otra de las instantáneas, de muy alta resolución, se perciben con detalle características geológicas de la Luna. E incluso en la cuenca Oriental, los dos pequeños cráteres que los tripulantes propusieron bautizar como Integrity y Carroll. El primero en honor a la nave Orión que les ha llevado más lejos que a ningún ser humano en la historia, y el segundo en homenaje a la mujer del capitán Reid Wiseman, fallecida en 2020 a causa de un cáncer. La Unión Astronómica Internacional tiene que aprobar ahora la propuesta de la tripulación.
Ahora, los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen ya están de vuelta casa. Poco antes de las 19.30 (hora española) abandonaron la gravedad de la Luna, que han usado como tirachinas para impulsar un regreso que se consumará la madrugada del viernes al sábado en España.
Charla cósmica
Poco después de iniciar la travesía, el Control de Misión de Houston les organizó la charla cósmica con los actuales residentes de la Estación Espacial Internacional (EEI): los astronautas de la NASA, Jessica Meir, Jack Hathaway y Chris Williams, y la astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA), Sophie Adenot. Otro hito en la historia espacial. El primer enlace por radio de una nave lunar con una nave espacial. Glover, quien posee experiencia a bordo del laboratorio orbital, comentó que la mayor dificultad de la Orión con respecto a la estación espacial era la escasez de espacio: «Aquí no tenemos otro módulo para evitar conflictos de espacio. Así que todo lo que hacemos comienza esencialmente con un conflicto de espacio».
Para Koch, la mujer que más días consecutivos ha pasado en la Estación Espacial Internacional, la principal diferencia con la Orión fue poder apreciar mejor «cuánta oscuridad» rodea a la Tierra, lo que «la hace aún más especial».
A las 2.03 (hora española) estaba previsto que se encendieran los propulsores de la nave para la primera de las tres maniobras de corrección, que ajustarán la trayectoria de la nave y perfeccionarán su rumbo hacia la Tierra. Entonces serán los astronautas Koch y Hansen quienes revisarán el procedimiento y supervisarán los sistemas para la maniobra de retorno.
Al regresar a la Tierra, la tripulación tendrá que soportar una reentrada de alta velocidad y alta temperatura antes de amerizar en el Océano Pacífico frente a la costa de San Diego, donde serán recibidos por un equipo de recuperación compuesto por personal de la NASA y del Departamento de Defensa, quienes los llevarán de vuelta a tierra firme.