En el mismo lugar donde durante años atendió a sus clientes, un comerciante decidió terminar con su vida dentro de su ferretera en el fraccionamiento Carranza.
El hecho ocurrió durante la tarde, envolviendo el establecimiento en un silencio profundo que contrastaba con la calidez cotidiana que siempre caracterizó aquel negocio de barrio.
Édgar, de 55 años de edad, era ampliamente conocido y querido por los vecinos de la calle Ecuador, entre Almadén y Padre Larios, por su trato amable.
Siempre recibía a quienes llegaban con una sonrisa sincera, ofreciendo además consejos útiles para instalaciones, compartiendo su experiencia con generosidad y paciencia en cada venta.
Vecinos comentaron que durante varios días notaron el negocio cerrado, situación que les pareció extraña debido al compromiso constante de Edgar con su trabajo diario.
Su ausencia comenzó a inquietar a quienes lo conocían, pues jamás dejaba su negocio sin aviso, manteniendo siempre abiertas sus puertas por las tardes.
Fue el sábado, poco antes de las 18:00 horas, cuando una clienta llegó al lugar y notó la cortina parcialmente abierta, algo inusual.
Al no encontrarlo en el mostrador como cada día, decidió ingresar al establecimiento, preocupada por el extraño silencio que envolvía el interior del negocio.
La mujer caminó entre los pasillos hasta llegar a una bodega, donde descubrió la trágica escena que jamás imaginó encontrar dentro del lugar.
Impactada y con temor, salió rápidamente para pedir ayuda, dando aviso inmediato a las autoridades sobre lo ocurrido en aquel sitio conocido.
Elementos de la policía preventiva arribaron primero, acordonando el área tras confirmar el deceso, mientras la fiscalía inició las diligencias correspondientes para el levantamiento del cuerpo.
El lugar quedó en silencio, recordando la ausencia de un hombre cuya memoria permanecerá entre quienes lo conocieron y valoraron su trato humano.