El exdiputado y economista, Mario Di Costanzo advierte que el sobrecosto acumulado del Tren Maya, Dos Bocas, el AIFA y el Transístmico representa un golpe crítico a las finanzas públicas; 1.2 billones de pesos bajo la lupa
Por Especial
La Prensa
CIUDAD DE MÉXICO.— Lo que en el discurso oficial se presentó como el motor del progreso nacional, hoy es señalado como un “error de visión” económica. El economista y exdiputado Mario Di Costanzo alertó que el costo real de los proyectos insignia del sexenio anterior ha escalado hasta los 1.2 billones de pesos, una cifra que califica como recursos “tirados a la basura” debido a su baja viabilidad y constantes fallas operativas.
A través de un análisis que circula en círculos financieros y políticos, Di Costanzo desglosa lo que considera una gestión ineficiente de los recursos públicos, destacando que el gasto total invertido equivale a casi el 15% del Presupuesto de Egresos de la Federación.
Radiografía de un gasto desmedido
El reporte destaca cuatro puntos neurálgicos donde la inversión no ha correspondido con los resultados esperados:
Refinería Dos Bocas: Con un costo que se duplicó de 8,000 a más de 16,000 millones de dólares, la planta ha enfrentado retrasos críticos y conatos de incendio que ponen en duda su capacidad para alcanzar la soberanía energética en el corto plazo.
Tren Maya: El proyecto ferroviario pasó de una proyección de 150 mil millones a un gasto cercano a los 500 mil millones de pesos. Di Costanzo señala que, además del sobrecosto, el proyecto enfrenta problemas estructurales de hundimiento en zonas selváticas.
AIFA y el “costo de hundimiento”: Al presupuesto del Aeropuerto Felipe Ángeles se le suma la pérdida de 300 mil millones de pesos por la cancelación del proyecto en Texcoco, manteniendo una operación que aún requiere de fuertes subsidios.
Corredor Interoceánico: Denunciado por su falta de demanda comercial, operando este 2026 con un 97% de subsidios federales para cubrir sus gastos de mantenimiento.
“Costos del pasado”
La crítica de Di Costanzo coincide con voces de la oposición que señalan un rezago en la transición energética y tecnológica del país. Según el economista, mientras otras naciones invierten en el futuro, México permanece anclado en resolver los pasivos financieros de obras que no han logrado ser autosuficientes.
El análisis concluye que este nivel de gasto ha mermado la capacidad del Estado para invertir en rubros urgentes como salud y seguridad, dejando una herencia de deuda que compromete la flexibilidad presupuestal de los próximos años.