Rubén Moreira Valdez
Milagros de Nuestra Señora es un texto fantástico e imperdible. Eso sí, debe abordarse con buen talante y ánimo de explorador. El lector tiene la oportunidad de descubrir, entre recursos estilísticos de la época y palabras en desuso, la vida de nuestros antepasados hispanos en el siglo XIII, desde sus comidas hasta sus temores, además de su humor, apego religioso, prejuicios, fobias y prácticas sexuales.
El texto es de una figura casi mítica de La Rioja, en específico del pueblo de Berceo. Fue educado y profesó en el emblemático monasterio de San Millán de la Cogolla. Gonzalo es el primer poeta en lengua española conocido por su nombre. Su orden era la de San Benito. En la actualidad, la que fue su casa como religioso está en manos de los Agustinos; muy de moda, si recordamos que el obispo de Roma pertenece a esa orden.
En la religión, como en otros temas, hay que tener cuidado, no por nada el viejo Karl en su obra Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, lanzó la frase: Die Religion…sie ist das Opium des Volks, que en castellano se traduce como “la religión es el opio de los pueblos”. Esa cita dominguera y la lectura de Berceo se la debo a la Normal Superior de Coahuila, donde a gritos y empujones estudié. En estos días, sigue siendo práctica común usar al Señor como pretexto para mandar al otro mundo a los semejantes.
Estoy seguro de que el buen Dios se molestó con el veterano y fecundo Abraham, cuando se percató de que los descendientes del patriarca traen al mundo a patadas y explosiones. El viejo pastor nacido en Ur es el tronco común de judíos, cristianos y musulmanes. Es seguro que en sus noches pizpiretas no imaginó lo que sucedería entre las proles de Ismael e Isaac, y me queda claro que se fue de espaldas cuando en el televisor celestial vio a los líderes de Israel y Estados Unidos arremeter contra los “moros” avecindados en Persia.
Gonzalo escribió varios textos; además del que relato, está la vida de San Millán de la Cogolla. En unos y otros pone a musulmanes y judíos como Dios puso al perico. No los baja de traidores y diabólicos. En las líneas de Berceo encontramos el uso de las letras para justificar la reconquista y las pretensiones de la sociedad católica a la que pertenecía.
Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en el siglo XIII, cuando una guerra cambiaba la situación en una región o provincia, ahora un par de tipos pueden acabar con el planeta y con él a los mexicanos que ni pitos tocamos en el pleito. Por lo pronto, los persas de fe chiíta nos tienen con el Jesús en la boca.