Vecinos de Edgar Valdez, dueño de la ferretera Varsa, regresaron al lugar donde antes encontraban al hombre más servicial, para colocar veladoras como tributo y con el deseo de su eterno descanso
Gloria Jaramillo
LA PRENSA
La historia del comerciante Edgar Valdez, quien acabó con su vida en la ferretera Varsa que tenía en la calle Ecuador del Fraccionamiento Carranza, mantiene conmocionada a toda una comunidad que generó lealtad hacia su su negocio, por el trato excepcionalmente amable y servicial de su dueño.
Nadie de sus clientes imaginaría el dolor que había detrás de la sonrisa del comerciante. Quienes acudían a su negocio abierto los domingos, con frío, con calor, recibían además de alguna pieza del negocio, la recomendación de uso, la sugerencia acerca de la técnica para que la instalación o la reparación fuera la más adecuada.
Afable, abierto a la charla, la interacción no se limitaba a una mera transacción, siempre había un tema cotidiano para comentar, más allá del motivo de la compra.
Su muerte caló hondo en el ánimo de un amplio sector que rodea la ferretera, que desde su fallecimiento el pasado sábado 11 de abril luce con las cortinas abajo, algo inusual en un negocio con alto compromiso hacia la clientela.
Por eso, los mismos vecinos regresaron al lugar donde antes encontraban al ingeniero que tomó la fatal determinación, para colocar veladoras que siguen encendidas, como tributo a Edgar y el deseo de su eterno descanso, y como agradecimiento a lo que significó para cientos de personas; se convirtió en alguien cercano y confiable.
Los clientes sabían que aquí encontrarían todo, o casi todo lo que buscaban para sus trabajos en casa o negocio, él aprendió a leer las necesidades de la gente en este tipo de negocios.
La persona más amable, fue la expresión general de quienes sienten que les arrancaron algo cuando trascendió la noticia acerca de su partida por decisión propia, una disonancia frente al personaje educado y servicial que se entregaba a los visitantes de su local.
Que descanse en paz, ingeniero Edgar Valdez.