Nació con pie equinovaro y su mayor anhelo es regresar a un campo de béisbol y tomar el bat. Con una temprana sabiduría, no habla desde la queja, sino desde la aceptación
Fabiola Sánchez
LA PRENSA
Antes que cualquier regalo, Sergio Alexander Armendáriz tiene un deseo claro en este Día del Niño: volver a correr, a sus 10 años, su mayor anhelo no está envuelto en papel, sino en la esperanza de regresar a un campo de béisbol, tomar un bat y perseguir el sueño de llegar algún día a las grandes ligas.
Su historia es la de un niño que ha aprendido a mirar más allá de las limitaciones y cuando se le pregunta qué lo hace especial, responde con sencillez que es su pie equinovaro; una condición que en momentos lo ha hecho sentirse diferente, pero que no ha logrado apagar su entusiasmo ni su forma de ver la vida.
A pesar de ello, Sergio enfrenta cada día con una actitud serena, no habla desde la queja, sino desde la aceptación, entendiendo que su camino es distinto, pero no menos valioso y esa forma de pensar le ha permitido construir una fortaleza emocional poco común para su edad.
En medio de esa realidad, encuentra felicidad en lo esencial reconoce que, disfruta jugar, ver televisión y comer pizza, pero sobre todo, valora profundamente el tiempo que pasa con su mamá y su hermano, quienes se han convertido en su mayor refugio y el impulso que necesita para seguir adelante.
En la escuela Monclova 400, su círculo cercano es pequeño; Sebastián es el amigo que menciona con mayor cercanía, alguien con quien comparte momentos en persona y aunque no son muchos, esos vínculos representan compañía y una conexión importante en su vida diaria.
El béisbol sigue siendo su gran pasión y recuerda con emoción cuando entrenaba con otros niños, incluso con jugadores mayores, donde destacaba por su habilidad para batear, ese talento continúa siendo parte de él, acompañado de una ilusión intacta por volver al terreno de juego.
Hay momentos en los que la tristeza aparece, no poder correr como antes le pesa, sobre todo cuando intenta jugar con sus juguetes de béisbol y se enfrenta a sus propias limitaciones, son instantes difíciles, pero no definitivos para Sergio.
Aun así, el pequeño no deja de soñar, quiere conocer a los Acereros, convivir con ellos y, si algún día se presenta la oportunidad, ser parte de un juego, además, mantiene otro sueño: la música, le gustan las canciones norteñas y recuerda con entusiasmo haber conocido a Elías Medina, experiencia que guarda como un logro especial.
En este Día del Niño, su lista de deseos incluye carritos de Fórmula 1 para su colección, un gusto que lo emociona.
“No rendirse, luchar por los sueños, valorar siempre la familia, una condición no es limitante para hacer lo que tu corazón proponga”, son palabras de aliento de este Día del Niño Sergio Alexander compartió para los pequeños con condiciones especiales.