Hijos del textil, padres del vino
Por: Holanda Contreras
LA PRENSA
Hace unos días inauguraron el Parque Lineal que incluye al Parque Hundido en la colonia Infonavit.
Al final de su discurso, el alcalde de Parras, Fernando Orozco, dijo que debemos sentirnos orgullosos del gran legado que nos dejaron nuestros antepasados, el cual nos ha permitido disfrutar de nuestro Pueblo Mágico.
Resaltó que dicha colonia fue cuna de grandes hombres, extrabajadores de una gran empresa, La Estrella, quienes dejaron un gran legado en el municipio, en familias, en conocimiento y en muchos temas en los que Parras está latiendo.
Y es así como, con esas palabras y dos fotografías, nace en mi cabeza un nuevo protagonista de esta historia: La colonia Infonavit. Sí, yo soy de ese código postal. Por eso hoy escribo de ella. Porque hoy voltearon a verla. Le pusieron cariño y la hermosearon.
Porque desde su inicio, en los años 80, quedó en las orillas de Parras. Y hoy quedó al paso del sector que está repuntando en la ciudad: el de la vitivinicultura.
Le hicieron justicia al rehabilitar sus jardines cuarentones, paso obligado rumbo a las grandes casas vitivinícolas. Camino que ya necesitaba banquetas y espacios dignos. Hoy es una realidad que le cambia la cara al sector y demuestra el desarrollo que está viviendo Parras.
Pero la Infonavit no es cualquier colonia, no.
La Infonavit fue la casa de los obreros y empleados de Fábrica La Estrella. Su construcción fue un choque de épocas.
A una ciudad de siglos, de adobe y piedra, de callejones coloniales, de pronto le llega la «modernidad»: casas iguales, techos de dos aguas, trazo geométrico. Era el futuro tocando la puerta de un pueblo de 400 años.
Mi papá era empleado de confianza. En esa época las casas de la Infonavit tuvieron jerarquía: Las más grandes eran para los obreros, el corazón de los telares. Las medianas para los empleados. Y las chiquititas para las mujeres que trabajaban en La Estrella y su filial Parras Williamson.
Así fue el orgullo de entonces: el obrero primero.
Todos fuimos tan felices ahí. Casi como una familia. Llegamos chiquillos de kínder y de primaria. Fuimos tomando nuestros caminos en la vida. Y ahora solo quedan ahí nuestra madre o nuestro padre, o ambos en los casos más afortunados.
Ahora tiene su Parque Hundido. Y es paso obligado a la zona de crecimiento de Parras.
Queda como un testigo mudo que sabe que Parras no se quebró, se transformó, y que así como vio crecer a los hijos del textil, ahora ve nacer a los hijos del vino.
Misma gente trabajadora. Mismo orgullo parrense.
Holanda Contreras
Fundadora de Telar y Vino
Búscanos en Facebook: Telar y Vino