Ni una lágrima le mereció el diagnóstico que recibió del médico. Con un ejemplo inquebrantable de esfuerzo, destaca como emprendedora y líder de la marca Mary Kay
Por Wendy Riojas
LA PRENSA
Eira Lili Mejía Rosales ha convertido una historia de esfuerzo, fe y perseverancia en un testimonio de vida que hoy inspira a decenas de mujeres y madres de familia. Casada desde hace 30 años con Genaro Martínez y madre de Giovani y Yuli, relata que desde niña aprendió el valor del trabajo gracias al ejemplo de su madre.
“Crecí solo con el cuidado y trabajo de mi madre. Mujer de fe y valiente que lavaba y planchaba en la colonia Obrera y de eso nos sacó adelante”, recordó.
Aunque únicamente cursó la secundaria y llevó un curso en comercio y computación, asegura que nunca dejó de luchar por salir adelante. Durante años trabajó como secretaria hasta que, en 2003, junto a su familia, abrió un negocio en la zona centro: Carolina Boutique.
“Dios nos concedió poner una boutique sin tener los recursos, pero sí con una promesa de parte de Dios”, expresó.
El negocio se distingue por ofrecer diversas marcas de catálogo, entre ellas Mary Kay. Fue precisamente en esa etapa donde comenzó un cambio importante en su vida personal y profesional.
“Mi líder creyó en mí y me hizo también que yo creyera en mí”, comentó al recordar cómo alcanzó el directorado en Mary Kay 2014, etapa que marcó su crecimiento dentro del mundo de la belleza y el liderazgo femenino.
Actualmente dirige un equipo integrado por 130 mujeres y asegura que su misión continúa siendo clara: “Enriquecer la vida de las mujeres”.
Gracias a su constancia ha obtenido viajes, reconocimientos, anillos y el tradicional “carro rosa” de la compañía. Sin embargo, la prueba más difícil llegaría en 2020.
UN DIAGNÓSTICO INESPERADO
Mientras el mundo enfrentaba el inicio de la pandemia por COVID-19, Eira Lili se encontraba hospitalizada en la Clínica 7 del IMSS tras una cirugía. Ese mismo día recibió un diagnóstico que cambiaría su vida.
“El doctor me dijo: ‘¿Dónde está su acompañante?’ Le respondí: ‘Vine sola’. Insistí en que me dijera el resultado porque yo era la interesada”, narró.
Minutos después escuchó las palabras que nadie quiere oír: cáncer maligno y agresivo. “Yo con serenidad total le dije: ‘¿Qué sigue?’”, recordó.
La reacción sorprendió incluso al médico. “Él esperaba llanto, aflicción y desesperación. Pero una lágrima por el tema no ha salido”, afirmó.
La empresaria enfrentó operaciones, quimioterapias, radiaciones y complicaciones derivadas del tratamiento. Incluso tuvo que ingresar por segunda ocasión al quirófano debido a que el tumor no había sido retirado completamente.
Tiempo después recibió otra noticia devastadora: el cáncer había avanzado a etapa cuatro y se había extendido a la columna vertebral.
“El doctor me dijo: ‘En este caso no hay cura. Solo vamos a tratar de cuidar su calidad de vida’”, relató.
Sin embargo, asegura que jamás perdió la esperanza. “A mí me gusta avanzar en la vida, doctor”, respondió entre sonrisas cuando le explicaron el avance de la enfermedad.
LA FE COMO MOTOR
Eira asegura que su fe cristiana ha sido fundamental durante todo el proceso. Recuerda especialmente un momento que considera una señal divina.
“Ese día sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas, pero al entrar a un local para sacar copias escuché una canción que decía: ‘Si el mar no se ha abierto, confía, Dios lo hará otra vez’. Sentí que era para mí y volvió una paz inmensa”, compartió.
Hoy, seis años después del diagnóstico, continúa en tratamiento médico, pero mantiene una actitud positiva y agradecida por la vida.
“Sigo vivita, brillando para Cristo y triunfando en mi negocio”, expresó.
Además, recientemente celebró la llegada de un nuevo integrante a la familia. “Acabo de ser abuelita y me tiene emocionada”, dijo con alegría.
Convencida de que la actitud puede transformar cualquier circunstancia, Eira Lili comparte hoy un mensaje de esperanza para quienes atraviesan momentos difíciles.
“No moriré, sino que viviré y contaré las obras de Jehová”, citó al recordar el Salmo 118:17.
También reflexiona sobre el aprendizaje que le dejó la enfermedad: “El proceso me enseñó a vivir sin temor. Puedes elegir vivir en plan víctima o victoria”.
Finalmente, dejó un mensaje para quienes luchan contra alguna adversidad: “Si estás pasando algo difícil, refúgiate en Dios. Ya sea que te lleve o te deje, lo importante es estar bien conectados con Él”.
Agradeció el gran apoyo de su familia, quienes la han cuidado y apoyado en todo momento, Genaro Martínez (su esposo), Julia Mejía Rosales (su mamá), sus hijos Giovani y Yuli Martínez, Ninfa Carolina, (su hermana) Dulce (su sobrina) Eliud (su yerno) y Yulissa (su nuera) y su nieto Caleb Mateo.