Por: Holanda Contreras
Cierran las escuelas el 5 de junio. Por el Mundial. Un mes antes.
Y el país arde. Y con razón. Porque no hablamos de un puente. Hablamos de 30 días de incertidumbre.
ARDEN LOS PAPÁS QUE TRABAJAN AMBOS
México no es Finlandia. Aquí no todos tienen home office, ni abuelita disponible, ni campamentos de verano pagados desde enero.
Aquí la realidad es cruda: ¿Qué hago con mis hijos un mes antes?
¿Los dejo solos con YouTube de niñera? ¿Pago 400 pesos diarios de cuidadora que no me sobran?
¿Le pido vacaciones a mi jefe que me va a decir el Mundial no es incapacidad, señora?
Un mes extra no son vacaciones. Para una familia trabajadora es angustia, es gasto, es hacer malabares con fuego.
Son niños de 6, 8, 10 años en casa sin supervisión. Son refri vacío a las 3:00 pm. Son accidentes esperando pasar.
ARDEN LOS MAESTROS: No somos guardería
Y tienen razón. No lo son. Son profesionales con título, con vocación, con planeaciones que cambian de un día para otro.
Pero aquí va mi pensamiento como la mamá de crío de primaria que fui, y de hija de esta tierra:
Sí, maestro. No eres guardería. No te toca limpiar mocos ni calentar lonches.
Pero escogiste esta profesión como el contador escogió los números, como el doctor escogió el hospital.
Solo que tú tienes a tu cuidado lo que más amamos: nuestros hijos.
Tu salón es tu oficina. Tu pizarrón es tu escritorio. Tu ciclo escolar es tu año fiscal.
Y como en cualquier trabajo, se cumple. Se planea. Se respeta. Se paga.
Ajustar el ciclo de forma tan repentina deja la sensación de que su labor pesa menos que 90 minutos de partido.
EL PROBLEMA NO SON LOS MAESTROS. NO SON LOS PAPÁS.
El problema es la prioridad.
Es un sistema que, ante un evento de esta magnitud, logra mover calendarios y presupuestos con agilidad.
Hay inversión para remodelar estadios, para logística FIFA, para pantallas gigantes…
Ojalá esa misma capacidad de respuesta y planeación se aplicara con urgencia para crear soluciones reales para las familias.
Si por el Mundial SÍ se puede mover el calendario nacional,
¿por qué no por la inseguridad, por la falta de agua en escuelas, o por el rezago que arrastramos desde 2020?
¿Y los niños?
Los que ya traen rezago desde 2020. Los que apenas estaban agarrando ritmo.
Un mes menos de clases es un mes menos de socialización, de desayuno escolar, de refugio.
Porque seamos honestos: para muchos niños, la escuela es el lugar más seguro que tienen.
Que ruede el balón. De verdad, que ruede. Que gane México. Que gritemos gol.
Pero que no ruede la vocación de los maestros con ajustes tan abruptos a su planeación.
Que no ruede el futuro de los niños por un mes menos de aprendizaje.
Que no ruede la estabilidad de familias que ya viven al día.
A esta polémica hay que echarle leña. Con las ramas secas de las parras.
Para que arda lo que tenga que arder: la indiferencia, la falta de planeación, el desdén.
Y par aque de entre las cenizas salgan brotes nuevos: diálogo, soluciones, respeto.
Porque la educación no debería pausarse por un partido.
La educación es el partido más importante. Y ahora mismo, el marcador no nos favorece.
Telar y Vino: desde Parras, donde la tierra enseña que lo que se siembra con prisa, se cosecha a medias.
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