Apreciada mujer deja un legado gastronómico y de vida
La dueña del Hotel y Restaurante Ibarra causó dolor entre los cieneguenses, referente de la historia contemporánea del Pueblo Mágico
Por: Octavio Cordero
La Prensa
La comunidad de Cuatro Ciénegas se encuentra de luto tras el sensible fallecimiento de Rosa María Ibarra Flores, reconocida y apreciada por su trayectoria de casi cuatro décadas al frente del emblemático Restaurante Ibarra, donde dejó huella por su espíritu de servicio, calidez humana y compromiso con la comunidad.
Rosa María dedicó 38 años de su vida al tradicional establecimiento, convirtiéndose en una figura ampliamente apreciada tanto por habitantes del Pueblo Mágico como por visitantes que encontraron en el restaurante un espacio de convivencia y hospitalidad. Su trabajo constante y su trato cercano hicieron del lugar un referente de identidad y tradición en la región.
La muy apreciada mujer dejó de existir en la ciudad de Saltillo cuando sería intervenida quirúrgicamente, falleciendo a causa de una enfermedad del corazón, dejando una estela de incredulidad entre las y los cieneguenses que no querían aceptar su lamentable partida del plano terrenal, esto de acuerdo a lo narrado por fuentes oficiales de la municipalidad.
Rosa Ibarra como así era conocida, era el referente regional de la gastronomía habiéndose ganado una reconocida fama por la preparación de los platillos que con el paso del tiempo los restaurantes tradicionales dejaron fuera de sus menús, siendo ella la heredera de la cocina artesanal creada desde tiempos inmemoriales.
Casada con el señor Abel Ferrel Aguayo, (administrador y cocinero principal del legendario Restaurante Ibarra), que dejó de existir en al año de 1988, a la edad de 42 años víctima de un fatal accidente, quedando Rosa María viuda cuando ella contaba con 35 años de edad y cuatro hijos pequeños: Cristina, Héctor Abel, Alejandro y Rosa María (hoy personas muy respetadas que le dieron una buena cantidad de nietos).
Hija de una numerosa familia integrada por el matrimonio de María Elena Flores y Fernando Ibarra González, de cuya descendencia nacieron siete hombres y seis mujeres: Fernando, Jacobo, José Luis, Gustavo Gabriel, Juan Carlos, Francisco, Daniel, Ana María, Rosa María, Elsa Nora, María Elena, Eugenia y Ana Luisa, Tuvo otras medias hermanas.
La muerte de su esposo fue la prueba de fuego en su existencia, al sufrir un cambio radical que en un momento crucial sucedió, cargando con el duelo por la incrédula muerte, en la mente de Rosa María no había más que enjugar sus lágrimas, grabándose el recuerdo del marido y disponer a la crianza, cuidado y educación de sus hijos. Así fue como a los 35 años pasó a detentar el cargo principal de la cocina del Restaurante Ibarra, utilizando siempre su delantal como un símbolo de servicio y atención al cliente sin importar la clase social ella cocinaba para todos, narra cronista del Pueblo Mágico.
Los primeros ayudantes en la cocina con el matrimonio fueron: Rosa María y Elva Ferrel, tiempo después se quedarían Armando Zapata Orozco y Antonio Galván Orozco.
Desde temprana hora de este día, familiares, amigos y miembros de la comunidad acudieron a la parroquia San José para despedirla y acompañar a sus seres queridos en este momento de dolor. Durante la ceremonia religiosa se elevaron oraciones por el eterno descanso de Rosa María y por el consuelo de sus hijos Cristina, Abel, Alejandro y Rosy.
Quienes la conocieron la recordaron como una mujer trabajadora, visionaria y profundamente entregada a los demás, destacando que su legado trascenderá más allá del restaurante que ayudó a consolidar durante décadas. Su sonrisa, atención y calidad humana fueron cualidades que marcaron a generaciones de clientes y amigos.
En medio de la ceremonia, asistentes compartieron mensajes de fe y fortaleza, recordando pasajes bíblicos como Proverbios 31:10 y el Salmo 34:18, resaltando la importancia de su vida y el ejemplo que deja para la comunidad.
Con su partida, Cuatro Ciénegas despide a una mujer ampliamente estimada, cuyo recuerdo permanecerá vivo en la memoria de quienes convivieron con ella y en cada rincón del Restaurante Ibarra, símbolo del esfuerzo y dedicación que Rosa María representó durante toda su vida. (Con Información de Carlos Gutiérrez Recio, Cronista de Cuatro Ciénegas).