Autoridades estatales decidieron clausurar por quejas
Señalan que, previo a la clausura del establecimiento, las internas habrían recibido instrucciones para no revelar información sobre las condiciones dentro del lugar
Por Wendy Riojas
LA PRENSA
Tras la clausura del centro de rehabilitación femenil “Un paso a la vez” ubicado en la Colonia Primero de Mayo, familiares de internas denunciaron actos de maltrato físico y psicológico que, aseguran, ocurrieron durante su estancia.
Una familiar-que solicitó mantener su anonimato-dijo que las denuncias surgieron una vez que las internas abandonaron el establecimiento y se reencontraron con sus seres queridos por temor a represalias.
La familiar reveló que las residentes eran sometidas a constantes insultos, gritos y castigos, además de permanecer durante horas en algunas áreas de castigo sin acceso suficiente a agua o alimentos.
“Cuando salió contó todo lo que pasaba. Dijo que las maltrataban, les decían muchas groserías y que en ocasiones las dejaban en un rincón de 3 a 7 de la mañana y ni siquiera les daban agua. Algunas muchachas se mojaban los labios con su pipi porque tenían mucha sed”, relató.
La fuente aseguró que varias jóvenes habrían manifestado recibir alimentos en malas condiciones o dietas repetitivas durante largos periodos, además de señalar presuntas agresiones físicas contra algunas internas.
“Pagamos 1 mil 500 por semana y además teníamos que llevar papel de baño, cloro, pinol, artículos de limpieza y comida cuando en el anexo no les daban ni agua y la comida en mal estado”.
También destaca la presencia de menores de edad dentro del centro, incluyendo una adolescente de 13 años, quien presuntamente habría sido víctima de malos tratos.
Asimismo, cuestionó la preparación del personal encargado de atender a las residentes, al asegurar que muchas de las personas que fungían como responsables o “madrinas” no contaban con formación profesional para desempeñar dichas funciones.
Señalan que, previo a la clausura del establecimiento, las internas habrían recibido instrucciones para no revelar información sobre las condiciones dentro del lugar.
“Les dijeron que iban a regresar con sus familiares y que no dijeran nada de lo que había pasado. Según nos cuentan, algunas fueron amenazadas para que guardaran silencio”, afirmó.
La clausura del anexo se derivó inicialmente de reportes y quejas de vecinos del sector, quienes señalaron escuchar de manera frecuente gritos, insultos y otras situaciones que les generaban preocupación.
Así como la molestia de padres y madres de familia de la escuela primaria Julio Cantú, ubicada justo frente a la puerta principal del anexo donde constantemente se escuchaban gritos de las internas.